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Una voz en busca de su propio itinerario

Identificada hasta 2019 con Rosal, la banda a la que le aportó letras y sonidos, María Ezquiaga inició un trabajo como solista. Tras presentar en mayo su single, “Algo salió bien” se apresta para el lanzamiento, el 17 de julio, de “Interacción”, que será su primera placa en solitario.  “Algo que tiene en común este disco con los de Rosal es la idea de contar una historia”, precisó.

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Durante 16 años, entre 2003 y 2019, el vasto universo de palabras y melodías generadas por María Ezquiaga estuvieron vinculadas estrechamente con Rosal, la banda que compartió con Martín Caamaño y Ezequiel Kronenberg. Luego de la interrupción de este proyecto conjunto, producida dos años atrás, María empezó a transitar, primero con timidez luego con pasos más seguros, un camino nuevo. En el cual no desdeña la exploración del lenguaje rock-pop con climas sutiles que caracterizó al grupo, pero apunta a darle un giro más personal.

En este andar por senderos desconocidos, en mayo pasado (con apoyo de El Club del Lanzamiento) presentó “Algo salió bien”, que incorpora dos guitarras eléctricas, una poesía rítmica escrita en colaboración con Guadalupe Gaona, evoca la nostalgia del fin de una etapa y celebra el comienzo de algo nuevo. Presentada junto a un videoclip, “Algo salió bien” es una canción que funciona como adelanto de “Interacción”, el primer disco solista de Ezquiaga, que estará disponible a partir del sábado 17 de julio.

Investigación sonora

En una charla con este medio, María relató que desde tiempo antes de cerrar el ciclo de Rosal cada uno de los integrantes estaba pensando en hacer otras cosas. “En el último tiempo ya nos venía costando encontrarnos para hacer música. Cuando hicimos la última fecha tenía algunas ideas dando vueltas para hacer algo musical, pero no estaba tan decidida. Me gusta mucho el jazz y lo venía viendo siguiendo a Leo Fernández. Le propuse juntarnos para tocar en un ciclo de mujeres en el CCK y en paralelo, con mi guitarra, empecé a investigar la lupera y  me inspiraron muchos sus arreglos. Así, nos empezamos a juntar con la idea de hacer un disco”, rememoró.

Todo eso fue entre fines de 2019 y principios de 2020. Luego la pandemia derivó en postergaciones, pero tanto Leo como María empezaron a grabar demos, cada uno desde su casa y a compartirlos. “Cuando se abrieron los estudios de grabación decidimos ir. Teníamos ganas de tocar los dos juntos la guitarra. Las últimas experiencias de grabación habían sido más por partes y queríamos probar las nuevas ideas que habían surgido. La cuestión de ser solista me ponía un poco nerviosa, pero cuando estuve en el estudio me puse muy contenta. Cuando grabé, me di cuenta que quería seguir haciendo más música. Fui ganando confianza”, indicó la cantautora.

Cosas en común

¿Cambiar rotundamente en esta etapa solista, o encadenar lo nuevo a las melodías y letras creadas dentro de Rosal? Para María, una continuidad es imposible porque, en Rosal, el aporte de Martín Caamaño y Ezequiel Kronenberg era fundamental. “Había una dinámica grupal que se fue dando, porque el grupo fue pasando por muchas etapas. Todos fuimos creciendo y tomando diferentes lugares. En los últimos discos hay temas que compusimos con Ezequiel. Especialmente a partir de “La casa de la noche” empezaron algunas dinámicas donde había más injerencia del grupo en las composiciones. Si bien eran casi todas mías, hubo cambios. En el último EP hay un tema que es casi instrumental con una sola frase mía, la música es de Ezequiel. Cada uno aportaba desde el lugar en el cual estaba más desarrollado. Toda esa dinámica no puede tener continuidad”, explicó en la entrevista.

Sin embargo, lo que permite una conexión en este paso tiene que ver con las ideas de Ezquiaga, musicales y poéticas. “Siento que algo que tiene en común este disco con otros de Rosal es la idea de contar una historia, de desarrollar un hilo conductor. También la idea de buscar cambios de un disco a otro, en la forma de tocar y en la idea que se quiere profundizar. Lo que tiene como novedad este disco es mi guitarra tocando más que en Rosal y los aportes de Leo, que me parecen muy importantes. Tuvimos un entendimiento estético”, relató.

Nuevas interacciones

Gestado en tiempos turbulentos, en los cuales las nuevas modalidades de convivencia derivadas de la pandemia redefinieron la vida cotidiana, el disco de María lleva el esperanzador título “Interacciones”. “Siento que, si bien no nos pudimos ver y eso es como un hilo de tensión constante, nos dimos cuenta de que estamos todos en la misma. Pero, cuando puse en título, lo pensé en el sentido de que pusimos en suspenso Rosal y me aventuro a un nuevo camino. En ese aventurarme aparecen interacciones. Y algunas de ellas van a producir nuevos caminos”, finalizó.

Juan Ignacio Novak (El Litoral)


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