HomeCultura"JUAN SE IBA POR EL RÍO"

Rosarinos reescribieron colectivamente un cuento desaparecido de Rodolfo Walsh

Un grupo de rosarinos participantes de un taller de escritura propuesto por el colectivo La Muchedumbre se abocó durante 2020 a repensar en conjunto para continuar y finalizar una versión de un cuento del periodista Rodolfo Walsh que resultó desaparecido durante la Dictadura Cívico Militar.

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Hagar Blau Makaroff

Mirador Provincial

El 27 de agosto, a las 19, será la presentación en sociedad del libro “El común oficio de escribir. Rodolfo Walsh y las derivas de un cuento aparecido”, publicado por la editorial de la Biblioteca Vigil, en el cual se encuentra el cuento de Walsh “Juan se iba por el río”, así como las reflexiones que surgieron de este colectivo a partir de la muy particular experiencia de escritura como proceso social en vez de individual, atravesado por la memoria y la figura del periodista que murió asesinado al día siguiente del primer aniversario de la instalación de la dictadura, emboscado y acribillado a balazos por un grupo de tareas.

Al momento de ser asesinado, Walsh acababa de terminar su cuento, y la única copia existente fue secuestrada y desaparecida por los represores. El comienzo del cuento sobrevivió gracias al recuerdo de las únicas dos personas que lo leyeron: la compañera de Walsh, Lilia Ferreyra, y Martín Gras, ex detenido desaparecido de la ESMA.

“Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina, y su mujer, Teresa”. Con dicha oración comenzaba la historia cuyo desarrollo y desenlace quedaron vedados para siempre. Y a partir de conocer por una noticia sobre su existencia, el Colectivo La Muchedumbre, agrupación de gestores culturales rosarinos pudo concretar su taller literario con una beca del Fondo Nacional de las Artes.

Como Lilia y Martín, que en un bar en Madrid reconstruyeron los trazos de ese cuento de Rodolfo Walsh, este libro fue pujado de forma colectiva con el objetivo de poner en movimiento la memoria a través de la imaginación.

Con esta cita se retoman las presentaciones de libros con público en el teatro de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, la Sala Saulo Benavente (Alem 3086). La entrada es gratuita y con cupo limitado para cumplir con las medidas de prevención que la situación sanitaria requiere. Allí podrán conversar con los protagonistas de esta experiencia y conseguir el libro.

Antonela Pierotti, una de los coordinadores del taller y miembro del colectivo La Muchedumbre adelantó que “en el evento de presentación llevaremos a cabo algunos de los ejercicios que hicimos en el taller con los asistentes, y la idea es que surja un texto colectivo a partir de la intervención del cuerpo y la escritura”.

Allí se leerá un monólogo interpretado por el artista Miguel Franchi, habrá un juego de construcción rápida colectiva de un poema, y se relatará c{omo fue el proceso del taller, cómo lo vivieron los participantes, y los conceptos detrás de las decisiones que fueron tomando.

El común oficio de escribir

Antonela recordó que este colectivo, que surgió en 2012 en la Facultad de Ciencias Políticas de UNR, en un grupo de estudiantes de las carreras de Política y de Comunicación, en el marco de un proyecto de extensión universitaria. En diálogo con Mirador, relató: “Lo que buscábamos era generar espacios de discusión y construcción política en escuelas secundarias. En ese sentido dimos talleres en secundarias de Rosario y de otras ciudades de la provincia y de Buenos Aires, donde discutimos estereotipos de la juventud, derechos humanos, participación política”.

En ese momento el colectivo estaba muy enfocado en los derechos, pero también buscaban generar instancias de intervención en el espacio público y en la política desde el activismo joven. “Cuando se aprobó el voto para los de 16 años generamos un debate de candidatos y candidatas que se hizo en la Facultad de Derecho de la UNR con la idea de que se discutiera cuál era el lugar de las jóvenes en la política, qué proyectos había para la juventud”.

Con los años fue mutando el colectivo, los objetivos y propuestas de sus propias inquietudes, siempre con el ojo puesto en el espacio público y en lo colectivo. “Nos interesa mucho intervenir desde lo artístico poniéndolo en dialogo con la política, y la cultura comunitaria”, aseguró.

Fue así que se prendió la mecha de este cuento: “Por una nota periodística supimos de este cuento de Walsh que está desaparecido. Tenemos un interés muy particular en el proceso de la última dictadura cívico militar, y fue esta intención de poner en duda algunos preceptos sacralizados, y quisimos abordar el terrorismo de estado desde este cuento desaparecido”.

Justo por esos días había una convocatoria del Fondo Nacional de las Artes, y allí se postularon con la idea de realizar el taller en un espacio cultural. “Cuando pensamos el lugar, La Vigil es un sitio de memoria muy adecuado para este proyecto, y ya habíamos dictado talleres ahí anteriormente”, recordó.

Fue así que durante el 2020 se dictó un taller gratuito para los socios de La Vigil, con la idea de escribir colectivamente el cuento tomando como punto de partida esto ya escrito, “que sólo era el título y las primeras dos o tres oraciones, y no era necesario tener experiencia en la escritura, no había requisitos, lo pensamos como propuesta bien amplia, como taller para la construcción política”.

Tania Scaglione, que tiene experiencia en la escritura literaria y es directora de teatro y dramaturga se sumó. “Ella escribió un biodrama sobre las experiencias de su padre como militante en los ’70, y fue con su aporte que desarrollamos el proceso de la escritura literaria colectiva, mientras yo, Darío Crosa y Amalia Prado, aportamos sobre la figura de Walsh, la memoria, la lectura de sus textos y el abordaje histórico al taller”.

La experiencia de la escritura comunitaria

Consultadas Tania y Antonela sobre el resultado del cuento las referentes del taller aclararon que “no es que cada uno escribió un cuento sino que fue esa versión escrita por todos los asistentes, alumnos y coordinadores. El libro consiste en el cuento pero sumado al proceso de escritura, los ejercicios y los posicionamientos que fuimos tomando de por qué hacer una sola versión colectiva y no muchas individuales. Son discusiones que debían formar parte del libro”, precisó.

Para llegar al cuento se realizaron juegos con el cuerpo involucrado, con ejercicios de bailes y los sentidos y el movimiento, “para que se entienda que no era solo un proceso intelectual individual”, dijo Pierotti.

Pensamos en la noción de memorias en plural: la memoria como proceso de construcción política en el presente, que asigna sentidos al pasado con la imagen del futuro deseado, por lo que no tiene relación con repetir lo sucedido en el pasado sino memorias como actos creativos. No repetir discursos sino crear desde los deseos actuales” abundó, y aseguró después: “No quisimos emular a Walsh ni pensar cómo hubiera seguido ese cuento que escribió, sino que abordamos su figura, leímos sus producciones más arquetípicas, tanto su Carta a la Junta Militar como también sus textos de ficción. Lo abordamos como figura no sacralizada, con sus diferentes acercamientos a la escritura, y así, sin habernos propuesto, el cuento se fue escribiendo de manera no predefinida. Cada uno que recibía el cuento, lo tomaba bajo el concepto del teñido (una misma tintura que influye de forma divergente en cada cabello), y fue influenciado por los encuentros escribiendo lo que se le ocurrió”.

Sobre la historia producida, Antonela reflexionó: “Hay en el cuento una idea de los vínculos amorosos, sobre todo el de la amistad, en el vínculo del personaje principal con su amigo Ansina. Está muy presente y es de los ejes principales. Algo que está ahí sin nombrarlo que denota el tema de la desaparición física de ese vínculo amoroso entre los dos amigos, entonces se observa ese vínculo afectivo con un alguien que no se sabe si está o no está, si es producto de la imaginación o está en el plano físico”.

El título emula a la obra de Walsh El violento oficio de escribir, y consultada sobre este parecido, explicó: “Reemplazamos ‘violento’ por ‘común’, ya que esto fue un proceso político creativo en el presente, como un conjunto en dialogo con otros en vez de racional e individual”.

Por su parte Scaglione aseguró que “se decidió por la palabra ‘Común’ en los dos sentidos, algo cotidiano simple q todos podemos hacer como contar una historia, y común de comunitario, por ser hecho de manera colectiva”.

De esta manera, reflexionó que “ahora existe una sola versión de reescritura de este cuento, que es esta que se hizo colectivamente, pero nos encantaría y la idea del libro es contar para inspirar otro taller y reescribir más versiones de este cuento desaparecido”.


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