HomeRegionales18 meses de estudio

Se desarrolló un plan de control y regulación para la cuenca de Las Encadenadas

El Instituto Nacional del Agua (INA) realizó un estudio integral de la cuenca que alimenta la laguna El Chañar y elaboró un anteproyecto para el manejo sustentable de los recursos hídricos en distintos escenarios.

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Durante los últimos años, la persistencia de períodos húmedos y el cambio en el uso de los suelos en la región sur de la provincia de Santa Fe agravaron las condiciones de anegamiento del sistema de lagunas Las Encadenadas, que tiene sus nacientes en las proximidades de la localidad de Venado Tuerto y que abarca un área de aportes de 2590 kilómetros cuadrados.

En este contexto, el Ministerio de Infraestructura, Servicios Públicos y Hábitat de la provincia de Santa Fe encargó al Instituto Nacional del Agua (INA) la realización de un plan de ordenamiento hídrico.

El estudio, que tuvo una duración de 18 meses, fue realizado por un equipo de investigadores de la Subgerencia Centro Regional Litoral del INA y contó con la participación de la Estación Experimental Agropecuaria Rafaela del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (EEA INTA). En este se evaluó el comportamiento hidrológico, hidráulico y productivo de la cuenca Las Encadenadas para lograr el manejo sustentable de los recursos hídricos; se definieron las obras de control y regulación necesarias para restituir la capacidad de almacenamiento en bajos y lagunas y disminuir los riesgos de inundaciones en Venado Tuerto y Teodelina; se determinó el impacto del cambio de uso del suelo en la generación de excedentes hídricos y se propusieron medidas de mitigación; y, por último, se diseñó un sistema de monitoreo de variables hidrometeorológicas, niveles freáticos y de niveles y caudales en puntos característicos de los cursos de agua.

Ante el incremento en la frecuencia y en la magnitud de los picos de crecidas de la cuenca y la consecuente afectación de los centros urbanos de Venado Tuerto y Teodelina, se realizó un diagnóstico de las características físicas y de cómo se comportó la cuenca ante diferentes escenarios hídricos durante los últimos 20 años. Ricardo Giacosa, investigador de la Subgerencia Centro Regional Litoral del INA y responsable del proyecto, señaló que “hay dos aspectos relevantes a tener en cuenta: el cambio del uso del suelo tendiente a reemplazar la actividad ganadera por la agrícola y, asociado a esto, la red de canales que se construyen para las nuevas actividades”.

A partir de la evaluación, se proyectaron acciones estructurales y no estructurales que permitieran ordenar los recursos hídricos de la cuenca, atenuar el efecto de las crecidas y, por lo tanto, el riesgo de anegamiento de las localidades afectadas. El equipo de investigación propuso construir tres reservorios de agua para laminar (atenuar) las crecidas en tres secciones distintas del sistema de lagunas: la Obra de Regulación de la Laguna La Barrancosa (Encadenada 7), la Obra de Regulación de la Laguna El Estaqueadero (Encadenada 4) y la Obra de Regulación de la Laguna Las Encadenadas (Encadenada 2). Para la construcción de estas tres obras de control (diques) se seleccionaron áreas con capacidad de almacenamiento y que sean coincidentes con caminos secundarios de dominio público para que no sea necesario realizar expropiaciones.

“Para resolver estos problemas, normalmente se propone construir grandes obras de hormigón que son rígidas y más costosas. Nosotros propusimos realizar estas pequeñas presas en caminos, protegidas en su coronamiento con geoceldas deformables que son más económicas”, explicó Giacosa. Las geoceldas son estructuras tridimensionales semirrígidas en forma de panal de abeja, articuladas entre sí y deformables, que permiten el paso del agua sobre ellas con el objetivo de minimizar o suprimir los efectos de la erosión de los suelos. “Estas propuestas -añadió- son realizables porque se trata de soluciones de bajo costo, fáciles de implementar y sostenibles”.

Por último, el equipo de investigación destacó en el informe final del proyecto la importancia de realizar un monitoreo permanente de la cuenca, a través de estaciones de medición, para corroborar que se comporte como estaba previsto y también para evaluar su evolución.


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