HomeCulturaEn Italia, nace un nuevo capítulo del arte

La escultura de un santafesino se une a Miguel Ángel para crear una trilogía histórica

Se trata de Pablo Damián Cristi, quien hasta hace 4 años vivió en Rosario. Hoy radicado en Carrara (Italia), respondió al encargo de una tradicional familia de la nobleza para crear un Cristo y completar una obra escultórica junto a dos versiones de Miguel Ángel, esculpidas 500 años atrás.

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A sus 45 años, el rosarino Pablo Damián Cristi se encuentra parado frente a uno de los desafíos más especiales de su carrera como escultor. Tiene que nada más –y nada menos-, esculpir en mármol una figura que será parte de una trilogía junto a dos obras esculpidas hace cinco siglos por uno de los más grandes artistas de la historia, como lo es Miguel Ángel.

Con sus manos y a fuerza de masa, cincel es y martillo neumático, de a poco va moldeando un tercer Cristo Portacroce Giustiniani, para cumplir con el deseo de Jérôme Luc Muniglia Giustiniani. Una vez realizada esa estatua, la familia que le encargó el trabajo tiene intenciones de donarla a la Iglesia San Giorgio dei Genovesi, en Palermo.

Cristi es arquitecto de profesión, formado en la Universidad Nacional de Rosario. En el 2017 dejó todo en Argentina junto a su esposa e hijo para ir a la “meca del mármol”, en Carrara, al norte de Italia. Paradójicamente, hizo el camino inverso de sus ancestros que partieron de Italia con destino a Sudamérica. En una búsqueda personal, regresó a sus raíces con una fuerte atracción hacia la región Liguria, sus tradiciones y paisajes.

“Es realmente un honor para mí el encargo de semejante trabajo con un vínculo tan importante con la historia de la escultura y en sus más altos niveles. Hubo una persona que me juzgó por lo que hago y cómo lo hago. Creo que todavía no estoy entendiendo la dimensión”, contó el escultor a Mirador Provincial. De hecho, anticipó que la idea de la comuna local, que apoya y acompaña el proyecto, es exhibir los tres cristos en su museo el día de la presentación.

De todos modos, el santafesino mantiene los pies en la tierra, pese a que Giustiniani afirma ver en Pablo al “nuevo” Miguel Ángel: “En realidad no me gusta la comparación ya que no es posible, hay una eternidad de distancia, ya sea por la época, donde hace 500 años se premiaba el talento y hoy se exponen las banalidades más grotescas. Dicen ‘todo es arte’ y eso es solo la forma más efectiva de degradación donde se baja el nivel haciendo fácil el acceso a un lugar muy seductor que es el arte plástico. Incluso las búsquedas, imagino que no son las mismas. Si bien seguramente en algún punto serán ‘vecinas’ por medio de la escultura y ese ‘sacar del interior’ el material que sobra, que no es otra cosa que esculpir la propia personalidad, la misma alma, sin importar el entorno”.

Y aclara: “Todo lo que hago lo parto del interior, por cuestiones filosóficas, personales. La única forma de ser genuino a la hora de expresar una obra de arte para mí, es si realmente la sentís en lo más profundo del ser. Es la única posibilidad que yo tengo y encuentro para poder expresarme realmente y con ganas. Si es algo que no lo siento, no lo puedo hacer”.

El lugar indicado

Cristi destacó que la ciudad de Carrara está “contenta” con la noticia, porque el museo local nunca tuvo una obra original de Miguel Ángel y el día de la presentación, puede que llegue el primer cristo. El segundo, que está en una basílica, llegaría como copia y sumado a la obra del argentino, la gente va a ver por primera vez la trilogía.

Que todo coincida en ese sitio, no es una coincidencia. Desde la antigüedad, emperadores romanos y artistas sabían dónde acudir cuando querían el mejor mármol: a Carrara, en la Toscana. El mármol de allí era empleado antaño para la construcción de villas para los nobles romanos.

Pasaron los años y la fama del mármol de Carrara siguió aumentando hasta el punto de que escultores de la talla de Michelangelo Buonarroti (Miguel Ángel) lo convirtieron en su favorito y visitaban las canteras para elegir personalmente los bloques para sus obras, como fueron los casos de la Piedad o el Moise de Michelangelo.

La superficie lisa y el color enamoraron a los artistas renacentistas, porque es ideal para la búsqueda de la perfección anatómica a la que aspiraban los escultores. “Tiene una cualidad por la cual es famoso en la escultura. Es blando al lado de otros mármoles. Aparte tiene posibilidad de terminación que no tienen otros. Es puro 100 % carbonato de calcio y a la hora de trabajarlo se puede hacer todo”, afirma Cristi.

Quienes entienden muy bien de este tema, son los integrantes de la familia Giustiniani, cuya tradición supera los 1400 años. Fue uno de ellos -el mecenas Vincenzo Giustiniani, que consiguió el primer eslabón de la cadena: “En el 1600 en Roma eran de los más ricos (por ejemplo, el Palacio del Senado actual, era el palacio Giustiniani). Manejaban el comercio marítimo y los puertos del mediterráneo. Hace dos años yo estaba en una muestra como invitado de honor. Conocí a un descendiente de esta familia, pero no sabía tanto de su admiración por Miguel Ángel”, recordó Cristi.

La conversación de ese día mutó a varios encuentros hasta que Jérôme Luc Muniglia Giustiniani le contó su idea: “La familia ya tenía en su colección la primera escultura de un Cristo. Pero quería construir un tercero para forzar la interpretación a la Trinidad (Miguel Ángel no la pensaba en ese momento)”.

En su mente, Giustiniani ve la composición escultórica enfocada en la Trinidad. El primer Cristo representa al padre por la conciencia que revela en la naturaleza estática de su postura; el segundo (el Cristo de la Minerva) representa al hijo, que en su rotación casi hacia atrás y la forma que toma la cruz parece tener miedo delante a la muerte; el tercero, cuya responsabilidad va a ser del rosarino Cristi, representará al Espíritu Santo, soplo vital de Dios, guía carismática que conduce a las personas hacia cambios y nuevas conciencias.

El hombre se convierte en manto, el manto en cruz y la cruz vuelve al hombre en un espiral infinito, símbolo de la vida. El modelo se presentó en el 2020 en tamaño natural (yeso) y alcanza los 2,60 metros de altura. “Estoy en algo que jamás imaginé participar”, admite.

Pero también, reconoce: “(Carrara) es mi lugar. Estoy donde tengo que estar. Con mi familia nos encontramos bárbaros. Cuando vas a un lugar con la mente abierta, no vas a imponer sino a aprender, seguramente te encontrás con personas afines. Y nosotros encontramos gente amable. Nos insertamos desde el inicio”.

“Imagino a las hojas del árbol –continúa-. Las raíces quedaron en Argentina, lejos, pero presentes. No me encierro a pensar que tengo que volver a un lugar. La copa del árbol quizás está acá. Extraño las querencias, familias y amigos porque después de 4 años no volvimos. Aunque no extraño un territorio o un lugar”.

La historia de los primeros cristos

El Cristo Porta Cruz Giustiniani, que hoy se encuentra en la Iglesia del Monasterio San Vincenzo – Bassano Romano, fue trabajado por Miguel Ángel entre el 1514 y el 1516, por pedido de Pietro Paolo Castellano, Bernardo Cencio, Mario Scappucci y Metello Vari. El artista, dejó incompleta la obra porque en el rostro del Cristo aflora una vena negra que arruinó la calidad del mármol y la regaló a Vari.

En 1607, el Cristo es vendido en el Mercado del Anticuariado al marqués Vincenzo Giustiniani que la hizo terminar por un joven Gianlorenzo Bernini. Se trata de la única obra que trabajaron las manos de dos de los más importantes escultores del Renacimiento.

Fotomontaje. La trilogía de cristos en escena. El del medio, el santafesino

Mientras tanto, Miguel Ángel comenzó con el segundo Cristo, conocido como “De la Minerva”, en 1518. Fue enviada a Roma en 1520, pero realizada en modo banal y con errores. Quería realizar una tercera versión del Cristo de la Minerva, pero el comitente Mitello Vari, no quería esperar más, y le pide que entregue la estatua completa. Posteriormente fue posicionado en la Capilla Giustiniani al interior de la Basílica Santa María Sopra Minerva, en Roma.

“Quienes entienden de numerología me plantean algunas coincidencias. Yo nací en el 1975 y Miguel Ángel en el 1475. Son 500 años de diferencia, los mismos que pasaron para que una obra de Miguel Ángel regrese a Carrara. Él empezó el primero en el 1514 y lo dejó en el 1516; el segundo lo entregó en el 1520; si hubiese empezado el tercero sería en el 1521, 500 años después en el 2021 yo estoy empezando el tercero”, grafica.

De paso, valora: “Siempre realice obras desde la necesidad interna mía. Es la primera vez que acepto algo que viene de afuera porque me toca de muchas maneras. En el sentido material y hasta en el sonoro (por el “Cristo de Cristi”). No me pude rehusar a tan grande honor de hacer una escultura que termina siendo la unión histórica entre Miguel Ángel y mi trabajo.

El “Cristo santafesino”

En cuanto a los detalles que van surgiendo en su taller, Cristi adelantó que su Cristo, apunta más a la cuestión humana que a la religiosa. “Imagino al Cristo como hombre. Tiene que ser una escultura para cerrar una trilogía donde las otras dos son varones con una cruz. Lo difícil, es representar al Espíritu Santo como hombre”.

Asegura que en su concepción, “jugó” un poco con los otros dos que tienen los estigmas de la crucifixión, lanza, esponja y la cuerda, todos elementos del martirio de Cristo. “Saqué todo, limpié, hice el hombre, la cruz y el manto que a su vez es el alma. Los tres se funden en algún punto. Hay una simbiosis. Una de las manos desaparece y se transforma en manto. El manto baja, y cuando sube se forma la cruz. La cruz detrás retorna a formar el hombre. Es un infinito dentro de este reconocimiento. Incluso la posición del Cristo no es benévola, es desafiante porque creo que el camino que tomó la humanidad no está bueno”.

Ahora, se enfoca en la búsqueda del mármol en la montaña. “Lo quiero con características especiales y venas particulares. Voy a utilizar la vena para darle un toque al diseño y al manto. Que resulte una escultura única”. Su plan, es entregarla en la segunda mitad del 2022.

“En suma, jugué un poco con lo que al final son mis obras. Hablan de máscaras y luchas internas, que es la razón por la que llegué a Italia. Viví toda una vida detrás de máscaras negando quién era, escondiéndome detrás de una sociedad consumista y banal. Me costó mucho, 33 años zafar de esas cadenas y poder entender que todo lo que necesitaba era sólo dejarlo salir, reconocer mis máscaras y descartar las que no me pertenecían, en un reconocimiento que ni es más que el mismo trabajo que realizo con el mármol, descartar lo que sobra”.

Cambios

A sus 33 años, Pablo Damian Cristi decidió dejar toda su vida hasta ese momento y dedicarse a su gran pasión: la escultura, que cultiva desde muy pequeño. “No era lo mío (por la profesión). Necesitaba aire. Nunca pude tener un jefe, porque siempre hago lo contrario”.

Tiene recuerdos que lo unen al pueblo de Elortondo, en el sur de la provincia. De allí era docente su abuela, doña Rosa, en la Escuela Rural ubicada en la zona conocida como “Las 4 Esquinas”. Su abuelo Agustín Capitani, era vendedor. Su mamá Norma y su tía Elida “Chiche” Capitani también son oriundas de esa localidad. Tal es el caso que Cristi pasó muchos años de su infancia y adolescencia allí.

“Una vez por semana me quedaba a dormir en la casa de mi tía (“Chiche”), que había estudiado Bellas Artes. Ella tenía libros y mirábamos hasta tarde esculturas, arte y demás. Me pasaba cuando veíamos obras por ejemplo de Miguel Ángel, que sentía algo afín. Pensaba que era fácil hacerlo a los 10 años”.

Aunque antes de llegar a donde está hoy, también trabajó la madera. “No sé si soy artista. Soy otra cosa. No hago la escultura porque me gusta. Pero no puedo hacer otra cosa. Lo hago para existir en un mundo absurdo, para no morir”.

El mármol llegó por primera vez a los 17 años. “Encontré un pequeño bloque en una marmolería de Rosario. Necesitaba ver que podía. Hacía cosas y las dejaba.  Después de los 34 empecé a terminar trabajos y ahí fue cuando abrí la puerta”, remarcó.

Desde entonces, su carrera artística en pocos años tuvo un constante ascenso, exponiendo en New York, Parigi, Punta del Este, Buenos Aires, Rosario, Forte dei Marmi, Firenze, Verona, Villa Cambiaso de Savona, solo por nombrar algunos. En el 2015, recibió el premio “Mejor Escultore Internazionale d’Arte Contemporanea”; en 2018 en Carrara el galardón “Arte in Marmo”; y en el 2019 recibió el premio Franco Borghetti VI “Noche de Torano”, también en Carrara.

Expone algunas de sus esculturas en su atelier “Il Glauco” sobre la Vía Carriona. Parte de su obra puede verse en Instagram: pablodamiancristiscultore.

Fechas

Junio

Selección del bloque de mármol en cantera.

Julio – agosto

Trabajos iniciales en un laboratorio

Septiembre 2021 – marzo 2022

Trabajos de terminación en el atelier El Glauco. Via Carriona 33

Abril 2022

Inauguración de la obra junto al primer Cristo Giustiniani

 


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