HomeDeportesESOS 10,6 SEGUNDOS DE UNA OBRA DE ARTE ETERNA

A 35 años del mejor gol de la historia de los mundiales… el del Diego a los ingleses

Por ese segundo gol de Diego Maradona a los ingleses en el Mundial de México, hoy se celebra el día del futbolista en nuestro país. Será la primera vez, destronando aquel gol de Grillo, también a Inglaterra, en 1953, que se celebre en este día. El destino quiso que sea sin Diego en la tierra, pero presente en cada potrero y en cada instante de gloria futbolera que se quiera recordar.

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(Enrique Cruz – El Litoral) – “Fue una verdadera obra maestra que permanecerá indeleble en la retina de los apasionados por el fútbol, ejecutada por un genio, barrilete cósmico, tal como lo inmortalizara el periodista Víctor Hugo Morales en su recordado relato”. Así señalaba a principios de agosto del año pasado, una parte del comunicado de Futbolistas Argentinos Agremiados, cuando se daba a conocer el cambio en la celebración. Hasta el 2020, el día del futbolista se celebraba el 14 de mayo, evocando el golazo de Ernesto Grillo a los ingleses. Ese día, de 1953, ante 85.000 personas en la cancha de River, Grillo armó una maniobra espectacular y convirtió el primero de los tres goles, cuando Argentina caía 1 a 0 ante los “inventores del fútbol”. Luego, otro gol de Grillo y el restante de Micheli (la Selección utilizó esa tarde en el Monumental a la delantera completa que tenía Independiente: Micheli, Lacasia, Cecconatto, Grillo y Cruz) le dieron el triunfo por 3 a 1. Desde este año, el día del futbolista se celebra el 22 de junio, en homenaje al gol de Maradona a los ingleses. Hoy no sólo se cumplen 35 años de esa obra maestra inolvidable, sino que el propio Maradona no ha podido asistir -en vida- a la primera celebración del “día del futbolista” gracias a esa genialidad de la que tanto se habló desde aquél momento en que el Azteca -y el mundo entero- enmudecieron frente a una acción individual imposible de superar.

Jorge Valdano confesó alguna vez que, en las duchas luego del partido, siendo ellos -Maradona y él- los últimos en bañarse, Diego se acercó y le dijo: “Yo te vi… Yo sabía que vos venías al lado mío y te lo juro que estaba esperando la oportunidad para darte la pelota y dejarte mano a mano con el arquero”. Y que él se sintió avergonzado por tamaña declaración.

No hubo lugar alguno para no reconocer tamaña, incomparable e irrepetible muestra de grandeza. El diario Daily Express de Inglaterra, por ejemplo, escribió después del partido que “la derrota no es ninguna vergüenza. Ningún equipo del mundo puede hacer nada contra un genio como Maradona”.

Gary Lineker, quien resultó goleador del Mundial de México, admitió que después de ver el gol “fue la primera vez en mi carrera que estuve a punto de aplaudir en el campo, pero para el otro equipo”.

Terry Butcher, uno de los cinco jugadores que fue gambeteado sin piedad por Maradona, admitió que “odio a Maradona con pasión. A todo el resto de los jugadores los superó una vez, pero conmigo lo hizo en dos. Pequeño bastardo”.

Y el propio árbitro del encuentro, Alí Bennaceur, el hombre al que Maradona “engañó” en el primer gol (que hizo con la mano), señaló años más tarde que “me di el gusto de ver el mejor gol del siglo. Después de arrancar, cada vez que Maradona pasaba a un rival yo le gritaba “¡avantage, avantage!” [¡ventaja, ventaja!]. Su dribbling fue increíble. Yo no podía felicitarlo porque era neutro en el terreno, pero interiormente el gol lo disfruté mucho porque fue un espectáculo. Y cuando terminó el partido, me acerqué y le dije mil veces ¡bravo!”.

Ernesto Cherquis Bialo fue biógrafo de Maradona y reedita lo que alguna vez Diego le contó en La Habana sobre aquél gol, que fue observado en forma directa por 114.000 privilegiados que colmaban el estadio Azteca y por miles de millones que lo hacían por TV. Fueron 10 segundos, 6 décimas de un recorrido lleno de virtuosismo que le demandó 52 metros de carrera y cinco ingleses que quedaron en el camino.

“… La cosa es que habíamos llegado hasta ahí cuando nadie creía en nosotros y alguno me preguntó si nos conformábamos con estar entre los ocho mejores? ¡Para qué! Les recordé, porque la tenía siempre bien presente, aquella frase de Obdulio Varela, antes de la final del ’50, antes del Maracanazo: ‘Cumplidos estaremos solamente si somos campeones”.

“… Del segundo recuerdo muchas cosas. Si lo cuenta algún pariente mío, siempre aparece un inglés más; si lo cuenta Coppola, dirá que Bilardo me había dado la noche libre el día anterior y yo volví para el partido, al mediodía. No, en serio: creo que es el gol soñado. Yo en Fiorito soñaba con hacer algún día un gol así en la canchita, con el Estrella Roja; pero no para mi país en la final de un Mundial… Sí, una final, porque nosotros, por todo lo que representaba, jugábamos una final contra Inglaterra. Era como ganarle más que nada a un país, no a un equipo de fútbol. Si bien nosotros decíamos antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la Guerra de las Malvinas, sabíamos que habían muerto muchos pibes argentinos allá, que los habían matado como a pajaritos. Y esto era una revancha, era recuperar algo de las Malvinas. Todos decíamos, en las notas previas, que no había que mezclar las cosas, pero eso era mentira, ¡mentira! No hacíamos otra cosa que pensar en eso, ¡un carajo que iba a ser un partido más!”

“… Fue el gol que uno sueña de pibito. Nosotros, en el potrero, cuando hacíamos algo así o parecido decíamos que lo habíamos mareado al rival, lo habíamos vuelto loco. Cuando vuelvo a verlo, me parece mentira haberlo logrado, en serio. No porque lo haya hecho yo, pero te parece que no se puede hacer un gol así, que lo podrás soñar, pero nunca lo vas a concretar. Ya es un mito, ahora, y por eso se han inventado muchas cosas, como que yo pensé en un consejo de mi hermano, en el momento. No, en el momento no, pero después sí me di cuenta que algo me habrá venido a la cabeza, porque definí como mi hermano el Turco me había dicho. Hacía un poco más de seis años durante una gira con el seleccionado mayor, contra Inglaterra, en Wembley, yo había hecho una jugada muy parecida, pero muy parecida, y definí tocándola a un costado cuando me salió el arquero. La pelota se fue afuera por esto, por nada, cuando ya estaba gritando el gol. Fue entonces cuando el Turco me llamó por teléfono y me dijo: “¡Boludo! No tendrías que haber tocado; le hubieras amagado, si el arquero ya estaba tirado. Y yo le contesté: ‘¡Hijo de puta! Vos porque lo estabas mirando por televisión’. Pero él me mató: ‘!No, Pelu, si vos le amagabas, enganchabas para afuera y definías con derecha, ¿entendés?’. ¡17 años tenía el pendejo! Bueno, la cosa es que esta vez definí como mi hermano me había pedido”.

“Lo que sí es cierto, y también se cuenta como una leyenda, es que yo lo venía viendo a Valdano, que corría a mi izquierda, abriéndose hacia el segundo palo. La cosa fue así: yo arranqué atrás de la mitad de la cancha, sobre la derecha; la pisé, giré y pasé entre Beardsley y Reid; ahí ya me puse el arco entre ceja y ceja, aunque me faltaban 30 metros todavía. Con un enganche hacia adentro lo pasé a Butcher y es a partir de ahí donde me empezó a ayudar Valdano, porque Fenwick, que era el último, ¡no me salía! Lo esperaba a él, lo esperaba para hacer la descarga hacia adentro, que era lo lógico. Si Fenwick me salía yo se la daba a Valdano y él quedaba solo contra Shilton. Pero Fenwick ¡no me salía! Yo entonces lo encaré, amagué para adentro y me le fui por afuera, hacia la derecha. ¡Me tiró un guadañazo terrible, Fenwick! Yo seguí y ya lo tenía a Shilton de frente. Estaba en el mismo lugar que en aquella jugada de Wembley, ¡en el mismo lugar! Iba a definir de la misma manera, pero el Barba (Dios) me ayudó, el Barba me hizo acordar? Tic, hice así y Shilton se comió el amague. Entonces llegué al fondo y le hice, tac, adentro. Al mismo tiempo Butcher, el grandote rubio, que me había alcanzado de nuevo, ¡me pegó un patadón! Pero no me importaba nada, nada de nada. Había hecho el gol de mi vida”.

La fantástica narración de esa pluma prodigiosa del querido Ernesto Cherquis Bialo en su artículo en Infobae, no hace más que rememorar -de boca del propio Diego- esa obra de arte magnífica, excelsa y que no sólo ha merecido que se  la ubique en el contexto de la historia como suficiente para que este 22 de junio se convierta en el día del futbolista, sino que se ha convertido en la mejor jugada de la historia de los mundiales, quizás irrepetible por la importancia de lo que se estaba jugando y la jerarquía de los rivales que se enfrentaban.

Desde algún lugar de la eternidad, desde ese planeta del que bajó a la tierra el 30 de octubre de 1960 con la única y exclusiva misión de darle alegría al pueblo, Diego Maradona estará contemplando en el silencio y la inmensidad del estadio Azteca, aquélla obra sublime que duró poquito más de diez segundos, pero que se ha instalado en la historia del fútbol mundial hasta el fin de los tiempos.

El relato de Víctor Hugo Morales

El gol de Maradona a los ingleses fue la obra maestra de los mundiales y generó un relato de Víctor Hugo Morales que estuvo acorde a tamaña envergadura, cuando el reloj marcaba el minuto 10 del segundo tiempo en el Azteca mexicano.

“La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2-Inglaterra 0”.

 

 


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