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El mundo teatral de las hermanas Marull

Las mellizas rosarinas Paula y María Marull produjeron “Lo que el río hace: El documental”, desprendimiento de la pieza inspirada en la ciudad de Esquina, Corrientes, que iba a estrenarse en 2020 en el Teatro San Martín y debido a la pandemia lo convirtieron en “un diario sobre el proceso creativo de la obra”. En comunicación con Mirador Provincial, las actrices y directoras nos contaron cómo fue el proceso de realización. Donde hacemos un recorrido de su destacada trayectoria.

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Gisela Mesa redaccion@miradorprovincial.com

Mellizas, actrices de renombre, las hermanas Marull son talento puro y orgullo de la ciudad de Rosario. A fines de los ’90, las hermanas gemelas simbolizaron una estampilla importante para el prime time de la televisión argentina. Hoy, con muchos proyectos y éxitos logrados a lo largo de sus destacadas trayectorias, sus nombres son sinónimos de la actuación, el esfuerzo y dedicación por el teatro. Mirador dialogó con las actrices donde recordaron su infancia, el barrio Azcuénaga y lo que se viene a futuro.

Inicio
– Háblennos de Rosario, del barrio Azcuénaga, la escuela 525.

– Paula: Nuestra infancia la pasamos en la cortada 12 de Octubre. Era un lugar muy tranquilo donde pasábamos horas jugando en la vereda con nuestros vecinos. Casi no pasaban autos y se acostumbraba a sacar la silla a la vereda. Íbamos a la escuela 525, que era una escuela tan pequeña que la llamaban “La Piojito”. La terraza de nuestra casa daba al patio. En los recreos nuestra mama nos saludaba desde la terraza. Fueron años que recuerdo con mucho cariño. Y también con un dejo de tristeza. La infancia tiene, para mí, esos dos condimentos. Muchas veces es un terreno idealizado, pero los niños también pasan por situaciones de soledad y dolor.
– María: Le tengo mucho cariño a la escuela 525, le decíamos “La Piojito” en el barrio, porque era muy pequeña. Nosotras vivíamos en la casa pegada a la escuela. Los primeros años de primaria fuimos a otro colegio, pero nos encantaba subir a la terraza a observar el recreo de ese colegio y los actos escolares. Aún recuerdo una canción de Los Parchis con coreografía y trajes de pajaritos. Cuando finalmente fuimos, fue hermoso. Era muy diferente a nuestra escuela, recuerdo el mate cocido y las facturas, los pupitres de a uno, los recreos en donde levantábamos la vista para que nuestra mamá con nuestros abuelos nos miren cuando venían a visitarnos. Tengo muy presente esos años. Las historias de las maestras. Las fiestas de la cooperadora, los actos escolares, la directora. Las voces. Esos años que vivimos en esa cortada, la cortada 12 de Octubre, fueron los años más felices de nuestra infancia. Te diría que no hay un día que no recuerde algo vivido ahí. Jugábamos horas en la calle con nuestros vecinos, nos divertíamos mucho, venían nuestros abuelos a visitarnos. La casa estaba llena de amigos de mi mamá y Albertito, que era su marido en ese momento. Extrañamos siempre esa casa y ese barrio cuando nos mudamos.

Viajando a nuevos horizontes
– ¿Cómo fue la transición de Rosario a Buenos Aires?

– Paula: Fue difícil. Vinimos a Buenos Aires en una edad en donde todavía estábamos muy arraigadas a nuestro círculo íntimo de amigas. Y fue un desarraigo muy abrupto venir a una ciudad tan grande donde no conocíamos absolutamente a nadie. Solo una tía y dos amigas de Esquina (Corrientes), donde vivía nuestro padre, que habían venido a estudiar acá y por suerte vivían muy cerca de nuestro departamento.
– María: Fue gradual, diría, o lo más gradual posible, porque el primer año que vinimos a vivir a Buenos Aires volvimos absolutamente todos los fines de semana a Rosario. Fue muy difícil el cambio. No imaginábamos cuánto dejaríamos atrás, a pesar de que teníamos muchas ganas de irnos. Era muy extraño salir en Buenos Aires y no conocer a nadie. La ciudad era enorme. Lo social, el grupo de pertenencia había desaparecido. Recién ahí me di cuenta de cuánto habíamos dejado o estábamos dejando. Así que lo fuimos dejando de a poco. Recién cuando empezamos a estudiar actuación nos sentimos un poco de acá, con amigos que aún conservamos.

Vocación teatral
– ¿Cómo surge en ustedes la vocación por el teatro y cómo comienza sus actividades teatrales, con qué personas, elencos, líneas de trabajo?

– María: Comienza en Buenos Aires, cuando vinimos a trabajar acá, a raíz de un casting donde fuimos elegidas, Liliana Bortolin que tenía una castinera de alguna manera nos apadrinó y nos mandó a estudiar actuación. Hicimos un taller primero y después empezamos la escuela de Raúl Serrano. Desde ese día no paramos de estudiar con diferentes maestros, fuimos construyendo el camino con trabajos que surgían y estudio en paralelo. Hice la escuela de Raúl Serrano, estudié dirección y puesta en escena con Rubén Szchumacher, y la EMAD de dramaturgia. Muchos maestros fueron muy importantes a la hora de la formación, Javier Daulte, Ricardo Monti y Mauricio Kartún fueron pilares importantísimos. Nos enseñaron y apoyaron para la autogestión que fue lo que nos empezó a dar libertad y seguridad. Dejamos de estar esperando que otra persona nos convoque para su proyecto y generamos nuestros propios proyectos, eso fue clave. Empezar a trabajar en el teatro independiente, lugar que habitamos hasta ahora.

Trayecto
– ¿Cómo ha sido su trayectoria profesional?

– Paula: Muy gratificante. Gracias a Dios he tenido la libertad de indagar en mi universo creativo y expandirme según lo fui necesitando. Rodeándome de un equipo de trabajo enriquecedor, conformando y encontrando casi una familia teatral con la que compartimos distintas obras y proyectos a través del tiempo.
– María: Tengo el privilegio de poder trabajar de algo que amo. En realidad tengo el privilegio de amar algo, y después de poder trabajar de eso. Los primeros años en Buenos Aires estaba más avocada a la actuación, y fueron más inestables. Hubo épocas en que costaba tener continuidad, cuando comencé a autogestar mis proyectos algo se organizó.

– ¿Qué le ha aportado el teatro?
– Paula: El teatro me ha aportado una familia y un modo de vivir y ver la vida. Una dimensión más a esta vida.
– María: Mucho, como todo lo que uno ama. El teatro es un gran amor que apareció en mi vida. Una familia de amigos, tiempo para hacer lo que me gusta, un espacio para expresarme y crecer. Una dimensión nueva de la vida. Otros mundos para habitar, todos los mundos que uno quiera. Es la libertad. El trabajo. El amor.

– ¿Creen que el teatro debería ser una asignatura en primaria?
– Paula: Pienso que el teatro es una actividad muy enriquecedora. Sería muy bueno que la dieran en los colegios. Durante muchos años dimos clases de teatro para chicos y es asombroso ver como en esta actividad tan relacionada a lo emocional y a lo lúdico, los chicos pueden procesar cosas tan necesarias para el crecimiento y el autoconocimiento.
– María: Sí, los chicos son actores natos, juegan sin parar. Me parece muy importante mantener ese espacio. Que se diviertan, que hagan sin juzgarse.

– ¿Consideran que hay suficiente cultura teatral en nuestra educación?
– Paula: No sé exactamente cuánta cultura teatral hay en la educación, pero pienso que sería bueno sumar más. Que nunca es demasiado. Hay muchos chicos que no tienen la posibilidad de ir a un teatro simplemente porque no tienen acceso. En estos tiempos donde todo es tan virtual y tan superficial, estar en contacto con cuerpos que se exponen, que abren su alma, que se brindan y textos que hacen pensar, es una experiencia que no debería faltarle a nadie, menos a un niño.

Impacto del covid-19
– ¿Cómo impactó en ustedes a nivel personal y económico esta pandemia?

– Paula: La pandemia fue un tren que nos chocó de frente. Son tiempos muy difíciles en todo sentido. Siento que estamos sosteniendo como podemos, con las fuerzas que nos quedan para que no se nos derrumbe la casa, la familia, la pareja, la profesión, los teatros. Son tiempos de resistencia. No tengo la distancia para reflexionar demasiado. Siento que todos estamos apagando algún incendio.

– Háblennos de “Lo que el río hace: el documental”. ¿Cómo surgió esa idea?
– María: “Lo que el río hace” iba a estrenarse en el Teatro San Martín en septiembre del 2020. Iba a ser una obra de teatro. Cuando llegó la pandemia y los teatros cerraron, nos invitaron a participar de Modos Híbridos, que es el ciclo donde los directores hicimos algo audiovisual con el material teatral. En ese momento no sabíamos bien qué hacer porque la obra no existía como tal cosa, no habíamos ensayado, teníamos una primera versión del texto. Entonces convocamos a Belina Zavadisca, que es cineasta y documentalista, y entre las tres decidimos hacer un documental del proceso creativo de la obra. Mostrar el proceso y no el resultado, que además no teníamos. De esta manera, el espectador accede a algo que normalmente no ve cuando va al teatro. Fue un trabajo muy arduo porque estábamos en cuarentena estricta, pero nos permitió conectarnos con la creatividad, que es algo vital en nuestras vidas en general y en este momento en particular. Junto con el elenco y un equipo hermoso nos lanzamos a la aventura.

– ¿Tienen alguna preferencia entre dramaturgia, dirección o actuación?
– Paula: Me gusta y disfruto hacer las tres cosas. Pero escribir es la actividad que no podría dejar de hacer nunca. Escribir para mí es una necesidad.
– María: Escribir es algo que hago desde muy chica, que de alguna manera me sostiene. Más allá de la forma que vaya tomando, diario personal, obra de teatro, ficción documental. Creo que es necesario encontrarme con esa voz. Dirigir me fascina, es hermoso terminar de descubrir con los actores el material escrito, que pase al cuerpo, probar, jugar. Es algo grupal que disfruto mucho. Y actuar también, es algo más lúdico que también me encanta. Ponerme en manos de alguien que me dirija y entregarme a la historia que estamos contando entre todos. Realmente amo hacer las tres cosas. Pero si tuviese que elegir sólo una, me quedo con la escritura.

Lazos de sangre
– ¿Cómo es criarse con alguien que se nos parece, que vive las mismas situaciones?

– Paula: Para mí es lo más natural del mundo, no se cómo sería no haberme criado con María. Lo vivo con mucha naturalidad y disfruto de lo bueno que me da esta relación. Una hermana incondicional, empatía, compartir miradas sobre la vida, la maternidad y la crianza de nuestras hijas, el teatro y la vida. Creo que es un privilegio con el que fui bendecida.

– Ser actriz conlleva todo un trabajo de preparación, ¿Cuánto puede alguien soportar ser quién no es? ¿Han tenido algún papel en que no se hayan sentido a gusto?
– Paula: Al contrario de lo que se cree, siento que actuar, lejos de llevarte a ser otro, te acerca de un modo único e intransferible a ser lo más “vos mismo” posible. Hay algo muy profundamente nuestro que solo se expresa en la actuación aunque creamos que estamos actuando de alguien muy diferente a nosotros. A menudo el personaje que menos se nos parece es el que componemos cada día para enfrentar la vida.
– María: Es hermoso ser quien uno no es. Creo, de hecho ,que es lo más lindo de actuar. Salirse de uno mismo, jugar, reírse, abrazar, gritar, no juzgarse, habitar otra realidad, saber de qué somos capaces. Es hermoso eso. Reír y llorar. Hacer reír y llorar también. En general a todos los personajes les he encontrado su placer. Hacer un personaje es descubrirlo, comprenderlo y adueñárselo. Creo que la clave para poder disfrutarlo no es tanto si se parece a nosotros o no, sino si está bien escrito y bien dirigido. Si el personaje está bien construido dramatúrgicamente y hay una buena mirada de afuera del director, es casi imposible no disfrutarlo. Tengo la suerte de trabajar con gente amorosa y talentosa, donde siempre hay mucho trabajo por hacer, pero el proceso es muy gratificante. Cuando uno actúa está a ciegas, de alguna manera, en mi caso es muy necesario poder confiar en la mirada del director para probar con libertad, animarse y disfrutar.

Soledad
– ¿Puede un aplauso llenarse de ausencia?

– Paula: Es muy difícil actuar sin público, porque es una actividad que se completa y se hace para, y con el otro.
– María: No. La ausencia no llena, pero si se puede actuar sin público, aunque no es lo mismo. Soy más de la idea de hacer, como sea, más que de quejarme de lo que hoy no podemos. Ya podremos, y mientras podamos lo que podemos. El contacto con el público.

– Ese reconocimiento del público hacia ustedes ¿qué emociones despiertan en ustedes?
– Paula: Sorpresa y gratitud.
– María: Gratitud. Emoción. Amor. No deja de sorprenderme lo universal que son algunas cosas. Cómo algo que nace de una imagen tan íntima y chiquita puede conmover a tanta gente diferente. Es algo que solo el arte puede hacer. Uno hace para expresarse, pero cuando lo que uno hace expresa a otros es milagroso.

Abrí la agenda y toma nota
– ¿Qué es lo que se viene a nivel laboral?

– Paula: Estamos terminando de filmar un proyecto de teatro para televisión, son obras breves que dirigimos y escribimos con María y estamos muy entusiasmadas. También estoy en el equipo de la curaduría de Teatro por Identidad, terminando de definir los materiales que formarán parte del festival este año. Es una causa que me llena de amor, y me encanta poder ser parte desde hace tres años. La concreción de la obra que dio origen al documental (“Lo que el río hace”) que se estrenará si Dios quiere, el año que vienen en San Martín. La semana que viene comienzo a dar un seminario en fundación Sagai que me tiene muy entusiasmada. En cuanto termine la pandemia, retomar y estrenar una obra que escribimos con María que quedó a punto de ser estrenada en el espacio callejón que se llama “La oportunidad” y es parte del ciclo colectivo teatral Teatro Liquido.

Rosario
– Por último, ¿Qué extrañan de Rosario?

– Paula: Mis amigas de toda la vida (Mercedes, Uqui, Giselle y Bárbara) y el río Paraná.
– María: Los lugares que íbamos, la cortada 12 de octubre, el Poli, los boliches que íbamos a bailar, los infinitos recuerdos que tengo en casi todas las esquinas de la ciudad.


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