El vino como punto de encuentro familiar en medio de la pandemia

Se multiplicaron las vinotecas que ofrecen una gran variedad de etiquetas no comerciales. Cómo influyó la pandemia en el consumo de la gente.

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Juan Manuel Speerli (Sur 24)

Desde el comienzo de la pandemia del Covid-19 el mundo entero se encontró en la obligación de reinventar las relaciones entre las personas. La pérdida de los vínculos sociales afectó muchas costumbres que formaban parte de la cotidianeidad. En los países donde la gente vive con mayor intensidad y afectuosidad los encuentros, las restricciones pusieron en jaque un sistema que no estaba preparado: Argentina es uno de esos países que le da un enorme valor a los vínculos presenciales, en casas particulares, bares y restaurants, plazas y espacios públicos. El vino es una bebida que nutre el ADN de los argentinos, tanto porque es un instrumento social que acompaña los encuentros como porque se produce en el país. El crecimiento de su consumo en 2020 generó que se ampliara la oferta tanto de marcas como de locales comerciales, tanto en las ciudades como en los pueblos.

En Villa Cañás conviven cuatro vinotecas, en Teodelina tres y en Santa Isabel hay una; y según sus dueños, crecieron las ventas desde que la pandemia llegó al país y obligó a la gente a quedarse en sus casas. “La gente tuvo que permanecer más en sus casas, cocinar y disfrutar en familia de una buena comida y, en muchos casos, un buen vino. Entonces el consumo comenzó a crecer a pesar de que en localidades chicas como Santa Isabel, el fuerte se da los jueves, viernes y sábados”, aporta Paula, que junto a su novio Facundo son propietarios de SAF, la única vinoteca isabelense que abrieron hace nueve meses después vender un tiempo de manera online. “El consumo era bueno, entonces nos animamos a abrir un local”, agrega Facundo.

Empatía Wines es una vinería cañaseña con casi cinco años de existencia y actualmente cuenta con un stock muy importante con una gran variedad de etiquetas de distintas bodegas. “El auge del vino durante la pandemia surgió a partir de una necesidad de la gente de incursionar en la gastronomía, por intentar hacer algo distinto en sus casas y pasar un bueno momento, algo que logra el vino”, dice Leandro, titular del local.

 

Según los datos del laboratorio estadístico del Instituto Nacional de Vitivinicultura, el año 2020 cerró con un alza en el consumo de vinos en el mercado interno del 6,5% respecto del 2019, lo que representó 57 millones de litros más que el año anterior. Durante los doce meses del año pasado se vendieron 943 millones, lo que marcó el volumen más alto de los últimos cinco años. Durante el 2020 el consumo per cápita alcanzó los 21 litros, con un dominio del tinto sobre el blanco de 78% sobre el 22%. En este sentido, Leandro destacó este año por encima del resto: “Si bien estamos viviendo un bueno momento comercial en un contexto muy difícil para muchísimos rubros de la economía, costó incorporar en la gente el consumo del vino, de adaptarse a lo que no es tan comercial y sí más boutique. En ciudades chicas o pueblos la instalación del consumo masivo de este tipo de vinos llevó tiempo y nos costó mucho al principio”.

El rubro de los alimentos, al que pertenece el “mundo de la uva”, tuvo que adaptar nuevas modalidades de consumo y logística a partir del comienzo de la pandemia en marzo de 2020. El comercio electrónico en Argentina creció un 124% el año pasado con una facturación por encima de los 900 mil millones de pesos, muy superior a los números de 2019 (76%) y 2018 (47%). El dato más revelador es que de todas las categorías la que más creció de 2019 al 2020 fueron los alimentos y las bebidas; mientras en 2018 se ubicó en el puesto 15° y en 2019 en el 10°, en 2020 ocupó el 3° lugar detrás de la indumentaria no deportiva (2°) y la indumentaria y los artículos deportivos (1°). Los comerciantes consultados coinciden en que incorporaron ventas online a través de las redes sociales, incluso sin necesidad de contar con una tienda online de compra directa: “Gran parte de las consultas y ventas posteriores se iniciaban y actualmente también continúan vía WhatsApp o Instagram”. Asimismo muchas bodegas empezaron a desarrollar plataformas de ventas y envíos a domicilio, algo que ellos replicaron en sus localidades al contar con el stock suficiente; incorporando el delivery por las restricciones en la circulación de las personas.

Un nuevo concepto

La proliferación de vinotecas en los últimos años obedece a un cambio en la producción por parte de las bodegas. Los vinos comerciales que se puede encontrar en las góndolas de un supermercado fueron dándole paso a la aparición de vinos pertenecientes a bodegas más pequeñas. “Ahora se pueden elegir entre diferentes etiquetas, varietales, cepas, bodegas, y además mejoró mucho la relación precio-calidad”, cuentan desde SAF, lugar en el que además funciona una librería pequeña de libros usados llamada Ojos de Papel. “Es un buen maridaje”, describe Paula.

Otro de los cambios que se produjeron fue el aumento del consumo del vino de gama media –a precios que oscilan entre los $500 y $1000-. “Como se redujeron las salidas a comer afuera, la gente se inclinó por comprar vinos de una mejor calidad y darse gustos en algo que antes no contemplaban”, aportan de Empatía Wines, donde como también ocurre en SAF, sumaron otros tipos de bebidas como el gin, el whisky, el ron y las cervezas artesanales, bebidas que si bien se consumen mucho menos que el vino, llegaron a los hogares para ser degustadas.

Dentro de la gran crisis económica, el rubro de los vinos supo reinventarse y llegar a le gente de una manera agradable. “Muchos que antes no consumían descubrieron el valor que tiene destaparse un vino y disfrutarlo en familia o seres queridos. Se dio una especie de comunión que por suerte fue un gran respaldo comercial para quienes nos dedicamos a su venta”.

 


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