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Florencia Palacios: “Me gusta estimular los deseos de otros a seguir sus sueños”

En su documento de identidad se lee Florencia Palacios pero en el ámbito de los cómics la conocen como Ushiro Nana. Tiene 27 años, dibuja con su abuelo desde que se acuerda y trabaja en proyectos para México y Argentina destacándose en el manga japonés.

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Por Ana Inés Dobal

“Mi arte está influenciado por el cómic japonés, que recibe el nombre de manga, aunque con una cuota de estilo libre”, así describe su trabajo la joven rufinense especializada en el cómic nipón. Evidentemente la interconectividad en la que muchos niños han crecido, se manifiesta hoy, en adultos que son ejemplo de esa interculturalidad manifiesta en infinidad de formas, cercanía y mixtura que antes de la llegada de internet, hubieran sido la expresión de una película de ciencia ficción.

Desde muy pequeña Florencia se sintió atraída por las caricaturas, le gustaban mucho los Looney Tunes, las Tortugas Ninja y la película del Rey León. Tiene presente el recuerdo de haber expresado en un trabajito del jardín de infantes de “qué quieres ser cuando seas grande” que quería ser veterinaria o dibujante. A partir de ahí, sus recuerdos más presentes de aprendizaje en relación al dibujo fueron con su abuelo paterno, Fortunato Palacios.

Dibujar cómics es como cualquier arte, describe, es una rama del dibujo, que al mismo tiempo, tiene subdivisiones: el manga, el cómic americano, la caricatura, etc. Existen tantos géneros de cómic, como géneros de música. Por eso es que cada una de estas partes, tienen sus características propias, sus grados de dificultad, sus técnicas, etc.

“No considero a ninguna mejor que otra, ni a ninguna más fácil que otra; si bien es cierto que algunas tienen un grado de complejidad mayor en el dibujo, como en el caso del cómic americano, no es para nada fácil pensar en una idea en 4 viñetas o menos, que haga reír a la gente como en el caso de las tiras cómicas. Por eso siempre respeto a cada una de estas disciplinas, y admiro sus diferentes grados de complejidad, y aunque no me especialice en ellas, me gusta mucho aprender de sus técnicas y características”, profundizo la joven artista distinguiendo y valorando cada tipo.

El manga es la historieta que se ve luego en formato de anime. En Japón el término se emplea para los cómics en general, mientras que aquí se utiliza para denominar al estilo de cómics netamente nipón. Desde la década de los ’80 comenzó a tener mucha fuerza en occidente, y se considera a Osamu Tezuka (Astroboy – Kimba el león Blanco) el padre del manga moderno. Hoy es uno de los géneros más elegidos por los jóvenes para crear cómics, y si bien el anime tuvo una fuerte presencia en Argentina en los ’90, desde la época de pandemia y confinamiento, ha vuelto a tener un fuerte impacto en los más jóvenes y los niños.

“Escogí el manga por una cuestión visual y narrativa”, exclamó la ilustradora rufinense. “Empecé haciendo cómics de manera oficial en enero de 2018, con un cómic que actualmente sigo publicando llamado “Pazuzu”. Hice dos capítulos piloto para ver la respuesta de la gente, y me pidieron más de la historia, por eso es que continúo trabajando en él, con 19 capítulos hasta la fecha. Hoy, para mí Pazuzu es sólo una evidencia de mi evolución; si comparamos los capítulos se ve una evolución grande a nivel narrativo y gráfico en los 3 años en lo que llevo trabajando en él, por lo que no lo tomo como algo profesional, sino como una historia a la que le tengo afecto y a la que quiero terminar por una cuestión personal, pero no lo considero como un trabajo profesional”, detalló Florencia en relación a su camino y producción artística.

“Mis papás trabajaban mucho en aquella época, y yo me quedaba en casa de mis abuelos. Y mi abuelo siempre hizo foco en mis dibujos; en aquel tiempo para mí no era más que un juego, un pasar tiempo juntos. Pero de adulta, comprendí que jugando, me estaba enseñando a observar, a emplear técnicas, a imaginar”, compartió Flor sobre su infancia y agregó: “Mi abuelo me contaba cuentos y me pedía que se los dibuje, me hacía observar los árboles, los objetos en relación a otros, me pedía que dibuje de memoria animales, y que también haga retratos de él y mi abuela. De adulta también me cuentan, que mi abuelo era un gran dibujante y artista, cosa que desconocía cuando era pequeña. Perdí a mi abuelo cuando tenía 7 años, pero seguí dibujando casi a diario. A mis 12 años había creado mi primera historia, con un universo, personajes, y una historia que escribí en 8 o 9 cuadernos escolares, pero que nunca salió de esos cuadernos”.

Inspirada durante su pre adolescencia en Jamie Hewlett (Tank Girl – Gorillaz) y Jhonen Vasquez (Invasor Zim – Johnny the Homicidal Maniac), Florencia fue creciendo y ganando destreza y conocimiento en relaciona los diferentes estilos y ganando también un estilo propio bien definido. “En mi actual estilo de dibujo aún se ven sus influencias a pesar de estar direccionado al manga. A medida que me convertí en adolescente, Inio Asano (Oyasumi Punpun – Solanin) y Masashi Kishimoto (Naruto) fueron mis influencias más fuertes”, comentó la joven artista.

Destaca que tuvo la suerte de conocer al ilustrador Oscar Arcuri residente de Rufino y oriundo de Buenos Aires, quien la introdujo al mundo de los cómics, con conceptos que hasta ese momento ella desconocía (no tenía pc ni podía acceder a la información tan rápido como hoy). “Me ayudó a aprender algunas técnicas muy nuevas para mí en ese momento. Hasta hoy a pesar de estar en diferentes ciudades, mantenemos contacto y una relación de maestro-alumno muy sólida. En ese tiempo elegí dedicarme al estudio y la práctica del manga, con libros, ejercicios y conociendo a otros chicos con los mismos intereses que yo, siempre algo nuevo nos enseñan las nuevas personas”.

Flor tuvo el interés de estudiar varias carreras: Bellas Artes, Filosofía, Pedagogía, Historia, pero termino abandonándolas a todas ya que cuando llegaba a tercer año la invadían sentimientos encontrados y no era lo que de verdad quería. En sus propias palabras: “Veía el estudiar una carrera universitaria como una pérdida de tiempo, no era lo que me haría feliz, incluso teniendo que poner en juego el factor laboral y económico. Me sentía vacía si no podía dibujar, y terminé dejando todo para tener ese tiempo para dibujar, a la par de los diferentes trabajos que tuve en aquella época”.

Artista con recorrido

– “En 2018 gano una convocatoria en la revista Usaka de México con un Oneshot (historia a…historia autoconclusiva) y le abrió las puertas para en 2020 comenzar una serialización de una historia llamada “Girasol Nocturno” de 3 tomos que continúa publicándose hasta la fecha”.

– “En 2019 obtuve una mención honorífica con otro Oneshot en la revista Kokoro! De México, y a finales del mismo año, con otra historia, una mención y publicación en la revista Patito Black de México”.

– “En el año 2020 gano el 1er y el 3er lugar en la convocatoria anual de la Crack Bang Boom, reconocida convención de carácter nacional e internacional que se celebra en Rosario”.

– “En la actualidad me encuentra desarrollando un cómic con un autor de Guatemala, estando a cargo del guion y la supervisión, y mi colega de las ilustraciones”.

Además de expandirse de manera sostenida desde sus inicios a nivel artístico y de modo marcadamente comprometido, flor florece a través de sus publicaciones y trabajos tras frontera en un camino que no parece tener punto de llegada. Es una persona tranquila, segura y muy fuertemente plantada en sus elecciones y deseos, y eso, evidentemente, ha guiado su destino de crecimiento hasta aquí. La joven artista brinda sus saberes a la comunidad de Rufino trabajando en el dispositivo Envión y en el espacio holístico Ser y Crecer de la ciudad, dictando clases de dibujo.

“A la hora de hacer manga, tanto para proyectos profesionales como cuando dicto las clases a mis alumnos, busco que quede plasmada siempre la cuestión de los sueños, de las metas personales. Nunca tuve los elementos para trabajar en un cómic, hasta hace unos años, no contaba con PC ni tableta de dibujo y eso siempre me hizo sentir limitada”, contó, “pero me decidí a intentarlo de modo tradicional y con lo que conseguí en donde vivo y funciono: Hojas A4, lápices comunes, fibrones escolares y yendo a librerías a escanear el trabajo. Comprendí entonces que a veces son excusas las que nos ponemos antes de intentarlo para después sacar conclusiones”.

“Por eso me gusta estimular los deseos de otros a seguir sus sueños. Toda mi vida mantuve y mantengo la premisa de que no sólo hemos venido a la vida a cumplir expectativas culturales o sociales, tengo por filosofía lo esencial de no abandonar lo que nos apasiona y lo que nos hace felices, independientemente de la corriente o disciplina que nos llame. El dibujo me ha dado mucho, colegas, experiencias, amigos de muchos lugares del mundo, y también el aprendizaje de la disciplina, del esfuerzo, de la dedicación”, reflexionó Palacios y concluyó: “Mi meta es seguir creciendo, seguir aprendiendo y expandiendo mis conocimientos. Día a día estudio algo relacionado al arte del cómic, o aprendo de colegas, o sumo algo a mi trabajo. Si bien el cómic en la era digital no tiene fuerte repercusión, el ambiente ha crecido en los últimos tiempos. La mayoría de la gente de mi ciudad desconoce mi trabajo, pero la verdad eso no me genera molestia, siento que hago esto por amor a la disciplina, no tanto por reconocimiento”.

Visibilizar el trabajo dedicado y admirable de grandes artistas que crecen silenciosos en la intimidad de sus computadoras o en la inmensidad de las redes sociales, resulta imperioso. Reconocer y valorar a personas que siguen sus sueños, reconocen sus dones y se atreven a dedicarse incansables a aprender y crecer en el marco de comunidades pequeñas, es parte de la tarea de comunicación que “nos hace falta, que nos hace bien”.

 


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