HomeVenado TuertoEl día final, siempre presente

Malvinas va a la escuela: el recuerdo de la guerra está para siempre en las paredes del Industrial

El pasado 14 de junio, se cumplieron 39 años de la rendición argentina ante el Reino Unido en las Malvinas que puso fin a la guerra. Duró 74 días y murieron 649 argentinos que lucharon con coraje y honor. En Venado Tuerto, con la propuesta de una preceptora, recordaron esta fecha y a través de la intervención de una pared, inmortalizaron el recuerdo.

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Enfocada en la identidad como derecho y tomando como referencia la tumba de cada soldado en el cementerio argentino en las Islas Malvinas, la preceptora, Raquel Lina Barrionuevo, realizó junto a estudiantes de quinto y sexto año de la Escuela de Educación Técnico Profesional Nº 483 “El Industrial”, un particular homenaje a los caídos en el conflicto bélico. Se trata de una gigantografía del Cementerio “Darwin”, donde aparecen con nombre y foto los héroes de nuestro país, acompañados por la leyenda “todos dimos algo, algunos lo dieron todo”.

 

“El pasado 2 de abril, como cada año, seguí por los medios de comunicación y redes sociales los eventos relacionados a la guerra de Malvinas. Siempre algo nuevo me conmueve y motiva de manera peculiar. Este 2021 fue el documental ‘Héroe Corriente’”, contó Barrionuevo a Sur 24. Ese filme, fue realizado por Miguel Monforte, miembro de la Fundación “No me olvides”, junto a un equipo técnico autogestionado.

 

Desde ese espacio, trabajan desde hace años en la búsqueda de la identidad de los soldados argentinos caídos y enterrados bajo una lápida donde no aparece su nombre. Son a quienes se los nombra como “soldado argentino solo conocido por Dios”.  Algunos de esos jóvenes eran correntinos y fue el caso del soldado Gabino Ruiz Díaz quien motivó esta larga y difícil tarea.

La madre de Gabino viajó a Malvinas cuando al fin cada familia pudo ir en busca de sus seres queridos, pero desconocía cuál de aquellas cruces estaba custodiando los restos de su hijo. “Entonces dejó que Dios la guíe (esas fueron sus palabras) y colocó flores sobre la lápida que podría haber sido para Gabino o para otro”, remarcó Barrionuevo.

 

Mucho tiempo después supo que las flores descansaron muy cerca de la tumba de su hijo, donde hoy sí está escrito su nombre porque los “No me olvides” cumplieron el objetivo. A raíz de esto, Raquel contactó al excombatiente Julio Aro y por su intermedio a Miguel Monforte, ambos pertenecientes a la Fundación.

 

Enseguida dieron respuesta a sus escritos, en los cuales comenta que en “El Industrial” de Venado Tuerto, dos aulas llevan el nombre de nuestros ex combatientes, ex alumnos y en el caso de uno de ellos, ex profesor. “Les cuento además mi experiencia personal acerca de aquella guerra, de aquel 1982 y mis apenas 12 años de edad, de la carta que escribí ‘para cualquier soldado que no recibiera ninguna’ y la respuesta que recibí días después. Y sobre todo enfaticé mi preocupación por el olvido, por la falta de sentimiento de cercanía y pertenencia de nuestros adolescentes de hoy con la guerra de aquel entonces”, recordó.

 

La idea

Mientras veía el documental, la preceptora asociaba lo que le pasaba a un fragmento de “La peste”, de Albert Camus: “(…) Y además un hombre muerto solamente tiene peso cuando le ha visto uno muerto; cien millones de cadáveres, sembrados a través de la historia, no son más que humo en la imaginación”.

“Me quedé en eso, en el nombre sobre la lápida y el rostro. Y entiendo desde las entrañas que el nombre es lo que hace a la persona ser único y no cualquier otro, pero si tiene rostro, es indefectiblemente real. Entonces pensé si los alumnos vieran el plano del cementerio en Malvinas, con los nombres y sus jóvenes rostros, algunos apenas niños, e invitáramos una vez más a los ex combatientes, bastaría con que uno de ellos diga ‘a él lo conocí’”

 

Barrionuevo, insistió en este sentido para que los “chicos (y grandes) entiendan que no es una película ni una historia que se cuenta”, que fue tan real como ese hombre que lo está contando y que “puedan comprender la importancia de la identidad” de todos los soldados argentinos sólo conocidos por Dios: “Entonces me atreví a solicitarle a Julio Aro y a Miguel Monforte el plano del Cementerio de Darwin que ellos mostraron, y la respuesta inmediata fue un sí. Primero lo hice imprimir en un tamaño que impacte, para que los rostros de los soldados sean perfectamente visibles. Resultaron 2,30 metros de ancho por 1,20 de alto, en lona e impresión de excelente calidad”.

 

Con la lona en mano, se acercó de a una a las aulas de quinto y sexto año. Sutilmente, les habló de todas las cuestiones mencionadas, como la vida, la juventud, la muerte, la importancia del rostro, la memoria, el recuerdo. Y después, simplemente desplegó la lona frente a ellos y los observó.

 

“El silencio fue lo más impactante. Hablaba a gritos. Algunos lloraron, otros pudieron hablar, otros acariciaban la imagen, otros la recorrieron íntegra con la mirada. Todo lo que imaginé que pasaría, pasó. Y los de quinto, los más inquietos, fueron los motores de todo lo que vino después. El enmarcado, la elección de la pared, la idea de cómo pintarla y el compromiso de cuidar ese plano cada día”.

 

Lamentablemente, el trabajo se tuvo que colgar en las paredes sin los alumnos por la pandemia y la realización de clases en formato virtual. “Cada día fui sacando fotos y enviándoselas para que no dejaran de sentirse parte del proceso”, aseguró.

 

Hoy El Industrial tiene la ‘pared Malvinera’, el eterno homenaje para con aquellos chicos caídos. Lo que vendrá cuando vuelvan a las aulas, -que Raquel espera con ansias-, es ser testigo de ese momento en que alguien se detenga frente a la imagen y se deje llevar por un sentimiento. “Pienso que el único día que debería conmemorarse de una guerra es el día que termina. Y este 14 de junio acaban de cumplirse 39 años de aquel último día”, valoró.

“Dentro del colegio no soy más ni menos que una simple preceptora con ideas. Y nunca me dicen que no. Por eso no tengo más que palabras de agradecimientos a ‘No me olvides’, a mis directivos Alejandro Baroni y Zulma Gallo. ¡A los alumnos!, a la diseñadora gráfica María Victoria Menegozzi, a los chicos de ‘La Marquería’ quienes aceptaron el desafío de enmarcarlo, a la Asociación Cooperadora del Industrial, a Hernán, asistente escolar que pintó la pared sólo porque se lo pedí y a mis compañeros de trabajo con sus aportes valiosos”, cerró.


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prodriguez@sur24.com.ar

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