HomeDeportesLa carrera deportiva de Reutemann fue brillante

El “gringo” de Manucho que conquistó las calles de Mónaco

De sus escapadas con el auto paterno para derrapar en el barro a los 7 años, al subcampeonato mundial de Fórmula 1 en 1981, el recorrido del “Lole” estuvo marcado por su personalidad: racional, constante, ascendente y metódico. Fue sin dudas uno de los deportistas santafesinos más destacados de la historia.

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Hay un ámbito en el cual Carlos Alberto Reutemann no merece ni recibe cuestionamiento alguno. Su trayectoria política será cuestión de un análisis intenso y controvertido, pero en lo que tiene que ver con su carrera deportiva, esa que lo puso en el primer plano mundial y le sirvió de plataforma para llegar a la gobernación de la provincia, nadie puede discutirle su condición de embajador argentino de elite en una disciplina con innumerables categorías donde llegar a la “máxima” (la Fórmula 1) es sólo para elegidos. Y ni hablar conseguir destacarse entre esos selectos.

 

Reutemann ocupa sin dudas el podio de los argentinos que sobresalieron en el automovilismo mundial, liderados obviamente por el quíntuple campeón Juan Manuel Fangio, y después está él junto a Froilán González, el primero que ganó con Ferrari y además venció en las 24 Horas de Le Mans.

Su único lamento (principalmente por lo cerca que estuvo: apenas a un punto en 1981) fue no haber logrado un título. Pero Reutemann fue protagonista indiscutido en el máximo nivel automovilístico durante varias temporadas. Oficialmente disputó 146 Grandes Premios, desde su debut en el GP de Argentina de 1972 (con pole incluida en Buenos Aires) y su retiro en el GP de Brasil de 1982.

 

Logró 12 triunfos oficiales: el primero fue el 30 de marzo de 1974 en Sudáfrica con Brabham, y luego le siguió Austria y Estados Unidos. En 1975 ganó en Alemania. Después vinieron Brasil ‘77 y ‘78, pero ya con la Ferrari 312T2, Long Beach, Inglaterra, Watkins Glen. En 1979, con Lotus, no logró victorias. En 1980 se fue a Williams, donde venció en Mónaco. Y en 1981 repitió en Sudáfrica (pero luego la carrera fue anulada) y también festejó en Brasil y Bélgica (17 de mayo), su última victoria en F-1.

También hizo 6 pole position y largó 22 veces en primera fila; subió 45 veces al podio (además de las 12 victorias, 13 veces fue segundo y 20 tercero) y obtuvo cuatro récords de vueltas. En 66 carreras terminó dentro de los puntos. Durante 648 vueltas fue puntero en las carreras de F-1, lo que equivale a 3.309 kilómetros. Fue subcampeón en 1981, cuando perdió el título por apenas un punto en la última carrera. Pero también fue tercero en las temporadas de 1975, 1978 y 1980.

Así, en Fórmula 1 corrió en los mejores equipos de la época (entre 1972 y 1982), como Brabham (1972-1976), Ferrari (1976-1978), Lotus (1979) y Williams (1980-1982).

 

Sus comienzos
Con 23 años (nació el 12 de abril de 1942), debutó en el automovilismo el 30 de mayo de 1965, en una carrera de Turismo Mejorado que se llevó a cabo en la ciudad de La Cumbre (Córdoba) a bordo de un Fiat 1500. En las siguientes dos temporadas fue campeón y entonces pasó a competir en la categoría de Sport Prototipos, Turismo Carretera (con un Ford Falcon) y también se subió a un Fórmula 2 para correr en la Fórmula 1 Mecánica Argentina.

Pero obviamente esa no fue su “primera escuela” arriba de un auto. Lejos en el tiempo pero no en el recuerdo estaban los caminos de barro inventados por él en Manucho, cuando con apenas 7 años se subía al Ford ’40 del padre para darle libertad a su ya evidente pasión. O sus viajes al volante con 11 años, sentado arriba de un almohadón, en la ruta 11 entre Nelson y Santa Fe, donde sus vecinos saludaban su alegría por poder guiar los destinos de un bólido.

En 1970 participó del Campeonato Europeo de Fórmula 2, donde un año después logró el subcampeonato que le valió la invitación para la carrera de Brands Hatch de Fórmula 1 a fines de 1971 y el contrato con Brabham para el año siguiente, como segundo piloto de Graham Hill. En 1971 también compitió en el Campeonato Mundial de Sport Prototipos a bordo de un Porsche 917K.

 

Su debut en F-1
El 23 de enero de 1972, Carlos Alberto Reutemann empezó a escribir de manera oficial su gran trayectoria en la Fórmula 1. Y, como no podía ser de otra manera, lo hizo con un hito que también fue un indicio claro de lo que vendría: con el Brabham BT37 obtuvo la pole en el Gran Premio de la República Argentina, algo sin dudas inusual para un debutante.

Luego, en la carrera que fue ganada por Jackie Stewart, “Lole”, con 29 años, terminó séptimo. Pero ya su nombre empezaba a sonar con fuerza, desde el mismo inicio, en el máximo nivel del automovilismo mundial. Y quedaba para siempre grabado en la cima del deporte santafesino.

 

Triunfo en Mónaco
Una de sus victorias más recordadas, por el escenario suntuoso y por la presencia en la premiación de la nobleza del Principado, “Lole” la consiguió el domingo 18 de mayo de 1980, en el Gran Premio de Mónaco.

Reutemann partió en la segunda posición en una largada con un impactante despiste del irlandés Derek Daly (Tyrrell), que marcó la despedida de varios pilotos de la prueba. Y además fue una muestra de que esa competencia iba a tener a los abandonos como su sello principal. Es que en la vuelta 24 también se fue su compañero de equipo Alan Jones, con lo cual el santafesino quedó segundo.

Pero todavía faltaba más. La lluvia se erigió en protagonista y comenzó a afectar la pista, principalmente por la dificultad de un trazado urbano, lo cual le impedía el sobrepaso a Reutemann, que sin embargo se mantuvo expectante, con un manejo sin falencias, a la espera de un error del líder Pironi.

El destino le sonrió de nuevo: en la vuelta 55 el Ligier del piloto francés golpeó contra el guardarrail a la salida de la curva del Casino. El “Lole” sacó máximo rédito y manejó el resto de la carrera como si fuera por las calles de Santa Fe, pero con el fastuoso espectáculo de la lluvia y el trazado monegasco, con sus navíos de lujo al borde de la escena.

La foto en el podio forma parte del archivo histórico del deporte local: “Lole” con su mujer de entonces, su alteza Rainiero y la princesa Grace Kelly.

La desobediencia
Otro capítulo inolvidable mezcla el coraje de un deportista que no acató una orden que iba en contra del sano espíritu competitivo y el sabor amargo de sospechar que quizás esa rebeldía tuvo el más alto costo meses después: perder el título de campeón.

El domingo 29 de marzo de 1981 se corría en Brasil la segunda prueba del Campeonato Mundial. Allí Reutemann construyó uno de sus mejores triunfos, de punta a punta y sin dejar dudas. Sin embargo, una muy cuestionable orden de equipo empañó todo.

La carrera se llevó a cabo bajo una intensa lluvia. “Lole” dominaba y segundo iba su compañero Alan Jones. Todo parecía transcurrir sin inconvenientes, más allá del clima, cuando en la vuelta 55 salió desde boxes un cartel: “Jones – Reut”. El mandato de Frank Williams era claro: el santafesino debía dejar pasar al australiano.

Cuatro veces salió al borde de la pista esa sentencia que ya era un grito exasperado en letras. La respuesta de Reutemann fue tan terminante como la directiva: en cada vuelta aumentó la velocidad y se alejó más en el liderazgo.

Se cumplieron las dos horas de carrera y se bajó la bandera a cuadros. Ni Jones ni el equipo Williams acompañaron a “Lole” en la celebración en el podio.

El título que no pudo ser
Esa temporada superlativa del santafesino iba a continuar hasta la última competencia, el 17 de octubre de 1981. Como años anteriores había sucedido con las peleas de Monzón, la ciudad se paralizó ese sábado, esperando la consagración de “Lole”. Las radios traían la transmisión en directo y aquellos que tenían televisión recibían la visita de familiares y amigos, vecinos y allegados, para no perderse esa jornada histórica.

 

Reutemann llegaba a la definición con un punto de ventaja sobre el brasileño Nelson Piquet. Era a todo o nada entre ellos dos, aunque también tenía chances el francés Laffite, a seis unidades del santafesino.

“Lole” lograba la pole position con el Williams número 2 y esa era la mejor noticia. Completaban la grilla nombres supremos para la historia de la Fórmula 1: Alan Jones con el otro Williams, Gilles Villeneuve con Ferrari, Piquet con Brabham, Alain Prost con Renault… También estaban Nigel Mansell, Mario Andretti y Ricardo Patrese, entre otros.

En la partida, el que se adelantó fue Jones, seguido por Villeneuve y Prost. Reutemann estaba cuarto pero evidenciaba problemas, los cuales fueron confirmados vueltas después, cuando cayó al noveno lugar. El argentino intentaba recuperar ubicaciones pero el auto no le respondía (después dijo que se había roto la caja de velocidades), mientras Piquet se afirmaba en un quinto puesto que le daba el título.

La bandera a cuadros flameó como un velo sobre el anhelo de “Lole” y las expectativas de todos los santafesinos. Ganó el Williams de Jones (vaya revancha), Piquet fue quinto y eso le dio un punto de ventaja en la tabla final del campeonato: 50 contra 49 de Reutemann, que terminó octavo. La desazón por haber perdido por tan poco una merecida corona fue un golpe que dejó una huella importante en el espíritu deportivo del piloto oriundo de Manucho.

 

El retiro
 

A pesar del comienzo en la temporada 1982 con segundo lugar en Kyalami, Sudáfrica, la herida que dejó la pérdida del título en la fecha final y la relación rota con el equipo Williams tras su desobediencia en Brasil no habían cicatrizado.

 

Como un si el destino se tomara pago de una deuda, el propio trazado de Jacarepaguá iba a ser, el 21 de marzo de 1982, el de la despedida de la Fórmula 1 para el santafesino. El abandono por un choque con el Renault del francés René Arnoux fue el detonante para la decisión de “Lole”, que seguramente ya se venía gestando desde el fin del año anterior.

El adiós fue igual en la cima del automovilismo: Reutemann era subcampeón del mundo y primer piloto de la jerarquizada escudería Williams. Pero bajó la bandera a cuadros de su trayectoria, tras 10 años excepcionales en la “máxima”.

Después llegaría el tiempo del Mundial de Rally, que ya había disputado en 1980 con un Fiat 131 Abarth. En 1985 repitió con un Peugeot 205 Turbo 16, y en ambos casos fue tercero, demostrando su vigencia y talento.

 

Su vuelta de página deportiva fue para pasar al mundo político de nuestra provincia, con dos períodos como gobernador y el liderazgo del Partido Justicialista durante más de 20 años. Pero esa es otra historia.

Marcelo Romano (El Litoral)


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