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Quintino Cinalli: “Hubiera sido imposible atravesar la pandemia sin arte”

El baterista venadense por adopción habló del complejo momento que atraviesan los músicos en este contexto de restricciones, donde “hay que pelear el mango”. Contó sobre sus proyectos y anhelos. “Sigo soñando con las grandes cosas que me motivaron a ser músico desde chico”, asegura.

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Venado Tuerto es un semillero de grandes artistas que hoy nos representan en todo el mundo. Uno de ellos es Quintino Cinalli, que si bien nació en Berabevú, se instaló en nuestra ciudad desde muy joven antes de irse en búsqueda de nuevos horizontes. Actualmente está en Buenos Aires, pero cada tanto regresa por estos lares para visitar familia y amigos y compartir su música. Pudo haber sido futbolista (quienes lo conocen de chico siempre destacan esta cualidad) pero se volcó por la música, pasión que viene sosteniendo desde hace décadas. Un tremendo baterista que se ganó el reconocimiento de sus pares y que se ha dado el gusto de compartir escenarios con importantes figuras de nivel internacional.

“Desde antes de la pandemia que estoy viviendo en Capital Federal, tratando de sobrellevar este proceso de la mejor manera posible, aunque para los artistas es un momento complejo, ya que fue una de las actividades que primero se cortaron y seguramente será lo último que se habilitará en su plenitud”, contó en diálogo con Sur24, reconociendo que “la urgencia viene por otro lado y el arte queda un poco relegado, más allá de que sea un remedio que muchas veces no se valora; ya que hubiera sido imposible atravesar esta pandemia sin arte, ya sea la música, una película, una serie, un libro, esto ha ayudado mucho a la salud mental”.

Para Quintino, “esta realidad que hoy nos toca atravesar nos obliga a parar la pelota y analizar lo que uno hace, aporta, lo que significa la música en mi caso. A pesar de lo triste y devastador que es todo esto, el artista tiene este resguardo que lo pone a salvo. Pero también está lo palpable que es el día a día, pelear el mango, poder subsistir, apoyar a amigos, dar una mano. Esto es lo que nos toca vivir y yo tengo fe que, con responsabilidad, con cuidados y apoyos, vamos a salir adelante en poco tiempo”, expresó.

Más allá del contexto adverso para los músicos, Quintino comentó que “estoy haciendo muchas cosas de manera virtual, algo que tuve que potenciar en este tiempo, porque no lo tenía muy desarrollado, con seminarios; clases para alumnos de todo el país y de otros países como Chile, Uruguay; clínicas y demás. Además de los proyectos que vengo armando, incluso me acaban de asignar una beca del Fondo Nacional de la Artes en el rubro creación y en Santa Fe me han convocado para llevar adelante un programa”. A su vez “voy planificando para cuando todo esto calme un poco, como para tener algunas herramientas que me permitan continuar”, completó.

El 2020

Según relató el músico, el año pasado fue un poco mejor en comparación de este año que “fue terrible” sin poder prácticamente tocar en vivo algo que “se extraña mucho porque es el alimento esencial del artista, con ese ida y vuelta con el público; lo mismo que lo ensayos, juntarse a preparar un material, son cosas que uno anhela y que ve lejano de alcanzar, por lo menos en el corto plazo”, señaló.

“El 2020 fue más llevadero diría, porque tuve la posibilidad de ensayar y tocar más; hice un vídeo en vivo que está en Youtube con recital y entrevista subtitulada en inglés, a diferencia de este año que no pude hacer casi nada en vivo, todo virtual”, indicó.

La leve mejora en los índices de contagio de Covid-19 van permitiendo el regreso, muy lentamente, de las actividades artísticas. En este sentido, el viernes último Quintino volvió a tocar en vivo con público presencial. Fue en Buenos Aires, en Virasoro Bar y estuvo acompañado por los músicos Mariano Agustoni y Andrés Pellican. “Fueron dos funciones, a las 19 y a las 21, para cumplir con los protocolos. De todos modos tocamos adentro y la gente disfrutó del show sentada en la vereda”, detalló.

Seguir proyectando

“El proyecto más feliz sería que esto termine”, plantea Quintino, adelantando que en lo personal tiene “un montón de cosas que me han quedado truncas, pero rincipalmente poder retomar los shows con mi cuarteto junto a Mariano Agustoni, Andrés Pellican y Bruno Di Lorenzo, que son músicos increíbles y grabar mi nuevo disco que se va a llamar “Piano” que es homenaje a los pianistas que yo toqué y va a tener ocho temas”.

A su vez va a estar lanzando mundialmente cinco videos de batería y percusión latinoamericana, donde explica temáticas diferentes y cómo las aborda. “Es un proyecto que me tiene muy entusiasmado”, sostuvo. También tiene en proceso un nuevo libro, el cuarto, con temáticas que van surgiendo desde su experiencia.

“Soy un músico muy inquieto, que busca constantemente otros caminos desde lo artístico, que desarrolla nuevas ideas. También estoy estudiando mucho”, enfatizó.

Me pregunto…

¿Hay algún músico o banda actual que te llame la atención?

Son muchos los artistas que están haciendo cosas muy interesantes e innovadoras. La música me ha permitido recorrer todo el país y tocar con muchos músicos muy buenos. Somos un país de grandes artistas y siempre van a ir surgiendo sonidos nuevos.

¿Con quién te gustaría tocar?

Mis sueños siempre fueron grandes y espero que lo sigan siendo. Sigo soñando con las grandes cosas que me motivaron a ser músico desde chico. Muchos los pude cumplir como tocar con gigantes, de las primeras ligas como Dino Saluzzi, Jeff Berlin (tocaron juntos en Venado Tuerto en junio del 2012), Esperanza Spalding, el Negro Rada, Pedro Aznar, y soy un agradecido por eso, pero siempre es lindo ir por más y ojalá que se dé.

¿Cuál fue tu mejor experiencia con la música?

Mi vida está plagada de únicas experiencias musicales. Si tuviera que elegir uno sería injusto con un montón de cosas que me pasaron, las cuales me fortalecieron y me hicieron crecer. Haber sido convocado por Dino Saluzzi en su momento para hacer una gira europea de un mes y conocer los mejores lugares, grabar un disco con él, fue uno de ellos. Otro fue grabar con Esperanza Spalding junto a Leo Genovese, disco que luego fue ganador de un Grammy. También haber vivido tres años en Nueva York, que me marcó mucho de manera positiva.

¿Hay amistad en los músicos?

Como en cada trabajo o ambiente uno hace amistades. En mi caso no son muchos los amigos que hice, pero sí los valoro mucho. A su vez tengo músicos amigos de la vida, sobre todo en Venado Tuerto. Incluso en estos tiempos tan difíciles se revalida esa amistad.

¿Hay envidias entre los artistas?

Sí, en la música, como en muchos otros ámbitos la envidia está. En especial por falta de seguridad o por no tener nada para decir desde lo musical. La gente cómoda es envidiosa, pero los tipos que la luchan, que piensan en la música, que siempre están proyectando, no tienen tiempo para criticar, sino todo lo contrario, no tienen problemas en incluirte y hasta la humildad de consultar o pedir un consejo. Es fácilmente detectable, incluso considero que es algo que me ha dado la música, la posibilidad de identificar rápidamente con quien puede transitar los caminos.

¿Qué otro instrumento hubieras elegido de no ser baterista?

Mi homenaje a los pianistas es justamente por mi amor por el piano. Me gusta igual o más que la batería. Es el instrumento que me gustaría tocar, algo que intenté muchas veces y lo seguiré haciendo porque creo que es el león de la selva, ahí está todo, la melodía, el ritmo, la armonía, la orquestación.

¿Cuál fue tu primer recuerdo con la batería?

Mi primer recuerdo es imborrable, inolvidable, porque fue el disparador de todo esto. Fue en Berabevú, mi pueblo natal, en el Club 9 de Julio, cuando era muy pequeño, cinco o seis años. Allí iba a tocar una orquesta, que no recuerdo el nombre, pero el baterista, Lombardelli, de Los Quirquinchos, que era el novio de una amiga de mi hermana, me dejaba tocar un ratito. De todos modos yo me quedaba toda la noche sentado al lado. Después comencé con los tarros, como hacen todos los chicos, hasta que mis padres me compraron la primera batería que era un bombo, un redoblante, un platillo y un pedal de bombo, todo con parches de cuero. Esa batería quedó en algún lado pero nunca pude rescatarla.

¿A que baterista admiras?

Yo soy un fanático de todos los bateristas. Con el tiempo empecé a escuchar y disfrutar de un montón de bateristas argentinos y de todo el mundo. De todos modos, el primer disco que tuve en mis manos fue Spectrum de Billy Cobham, empezar escuchando eso me marcó mucho, incluso hasta el día de hoy sigue teniendo influencias impactantes en mí, en técnica, conceptos. Si tuviera que nombrarte: Tony Williams, Jack DeJohnette, Junior Césari, Sebastián Peyceré, Jorge Araujo, Osvaldo Fatorusso, Pomo, ente muchos otros.

¿Hay músicos con los que no volverías a tocar?

Sí, hay personas con las que no me gustaría volver a compartir momentos de vida pero no por una cuestión musical. Por suerte no son muchas, pero hay cuestiones que para mí son centrales como la honestidad y por más que técnicamente sea un excelente músico si como persona no lo es, no va a funcionar. Si algo tiene que existir entre los músicos es la camaradería, la admiración y el respeto; hay que dar, apoyar y compartir.

¿Cómo fue la experiencia de hacer el programa de radio Repercusiones?

La verdad buenísimo porque me hizo más llevadero el 2020 y me permitió charlar con un montón de músicos de todo el mundo y el cierre fue con Billy Cobham, un momento histórico.

 


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