HomeVenado TuertoCONSTANTE PUGNA POR LA DENOMINACIÓN DE CALLES Y ESPACIOS PÚBLICOS

Roca siempre despierta polémica: ayer en Venado Tuerto; hoy en Bahía Blanca

En nuestra ciudad, en 2010, la ONG Las Juanas lanzó una campaña para cambiar el nombre de calle Roca por Juana Azurduy. La iniciativa no halló eco en la Comisión de Nomenclatura ni en el Concejo. Ahora el mismo tema disparó un gran debate público en Bahía Blanca. El Municipio quiso cambiar la denominación del parque municipal “Campaña del Desierto” y la alternativa más votada fue “Julio Roca”. En Rosario surgió una movida similar contra los reconocimientos al “Che” Guevara. Opinión de la historiadora Alejandra García.

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Hace 11 años, precisamente a mediados de julio de 2010, ganó protagonismo en la agenda mediática venadense la campaña de la ONG Las Juanas, que impulsaba una petición ante el Concejo Municipal para que la calle Julio Argentino Roca se convierta en Juana Azurduy.

Como parte de esa avanzada, la agrupación colocó unos cuantos carteles con el nombre de la guerrera en las luchas por la Independencia: en lo alto de los postes nomencladores figuraba la leyenda: “Calle Juana Azurduy Cambiamos exclusión por integración”.

Sin embargo, la propuesta nunca progresó porque, más allá del guiño favorable del entonces intendente José Freyre, la Comisión de Nomenclatura, organismo asesor del cuerpo legislativo en la materia, nunca fue proclive a este tipo de cambios de denominación, en ningún caso.

La integrante de la Comisión de Nomenclatura, Alejandra García, recordó que “con fecha 25 de agosto de 2010 se aconsejó no hacer lugar al pedido por los perjuicios que ocasionan los cambios de calles pobladas de la ciudad. Y porque, más allá de que personalmente amo la figura de Juana Azurduy, Roca tuvo luces y sombras, no fue solo la Campaña al Desierto, también impulsó todas las leyes laicas sobre matrimonio, registro civil, cementerios, la Ley de Educación N° 1420 (laica, gratuita y obligatoria) y muchas otras iniciativas desde sus presidencias. Por ello, como hacemos siempre, propusimos nominar Juana Azurduy a una calle sin nombre”, completó.

Cabe agregar que desde el reglamento interno de la Comisión de Nomenclatura, según ordenanza Nº 3340/06, en su artículo Nº 10 expresa: “Esta Comisión de Nomenclatura no aconsejará el cambio de nomenclatura de espacios públicos. En tal sentido, esta Comisión cree que los nombres son testimonios a través del tiempo en forma determinada de relación entre el hombre, la sociedad y el lugar, tienen su historia y ésta no debe estar al servicio de banderías políticas, cuestiones reivindicativas o posiciones ideológicas. Por otra parte, el cambio de nomenclatura, induce a una perjudicial confusión en diversos planos; a nivel vecinal, el acostumbramiento de los vecinos al nombre histórico del espacio, conlleva a la comunidad de la misma en el lenguaje corriente; en el plano histórico, dificulta todo estudio retrospectivo y perturba el desarrollo de los conocimientos generales en cuanto a la nomenclatura del municipio. Cabe agregar que a nivel económico también ocasiona perjuicios a los vecinos, debido a los gastos en reconversión de avisos, carteles, facturas comerciales y documentación personal”.

El tiro por la culata

Sin dudas, el caso venadense, que a lo largo de los últimos años tuvo réplicas en incontables localidades argentinas, se actualizó esta semana a partir de la polémica suscitada en el Concejo Deliberante de Bahía Blanca, que lanzó un concurso para rebautizar el Parque “Campaña del Desierto” y elegir un nuevo nombre. Sin embargo, el nombre más votado por la ciudadanía bahiense, a través de las redes sociales, fue Julio Argentino Roca, nada menos que uno de los cerebros de aquella campaña de conquista y exterminio sobre pueblos originarios. También fueron votados, en menor medida, otros nombres para rebautizar el Parque Municipal, como “Raúl Alfonsín”, “Barranco de los Loros”, “René Favaloro” o “César Milstein”.

Según informó el diario bahiense La Nueva, no sólo que Julio Roca fue el más votado, con 2.200 votos, sino que en segundo término se ubicó, con unos mil votos, la propuesta de no alterar el nombre original, es decir que se siga llamando “Campaña del Desierto”.

Ante el resultado puesto, el Municipio suspendió la votación e instó a tratar el tema nuevamente en el Concejo.

Cabe acotar que la Intendencia, a la par de la remodelación y reforestación del predio, habilitó la consulta popular para el cambio de nombre por considerar cuanto menos polémica la campaña militar en cuyo marco se ocuparon grandes extensiones del territorio pampeano y patagónico a fines del siglo XIX.

El “Che”, cuestionado en Rosario  

Mientras la figura de Julio Argentino Roca ocupa el centro del debate público en Bahía Blanca, en la vecina ciudad de Rosario se puso en el tapete a Ernesto “Che” Guevara. Allí, la agrupación universitaria Alternativa, de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), salió a las calles a juntar firmas bajo la consigna #FueraCheGuevara, exigiendo al Concejo de Rosario la revocación del otorgamiento del mérito de Ciudadano Ilustre, y también al intendente Pablo Javkin renombrar la Plaza del Che, en el Parque Yrigoyen, por un nombre votado por la ciudadanía rosarina. Del mismo modo, “solicitamos la remoción del mural guevarista de la Plaza de la Cooperación. Pedimos honestidad y coherencia a la clase política. Los rosarinos no queremos el nombre de un asesino en nuestra ciudad. No al apoyo a figuras dictatoriales”, manifiestan los estudiantes, que aprovecharon la repercusión internacional de los reclamos en Cuba para cuestionar a una de las figuras míticas de la Revolución y, de paso, apoyar a los exiliados cubanos y venezolanos que residen en Rosario, en un acto que se realizó en el Monumento a la Bandera.

Alejandra García: Hay que saber de qué se trata

Alejandra García, docente e historiadora.

En busca de una perspectiva local sobre estos temas de actualidad en otros puntos del país, pero que también fueron asuntos de debate en la ciudad años atrás, Sur24 acudió a la docente e historiadora Alejandra García, quien además se desempeña en la Comisión de Nomenclatura: “En el caso de Bahía Blanca, se pide renombrar desde el Municipio, a través de la votación de la población, un predio, que ahora lleva el nombre Campaña del Desierto. Hoy, desde la historiografía no se acuerda conmemorar como gesta a la misma por la connotación negativa que tuvo, pues más allá que con ella Argentina ocupó efectivamente la Pampa y la Patagonia, fue cuestionable el destino final de las poblaciones aborígenes y su cultura. En principio -continuó- ni siquiera la denominación es correcta, actualmente se ha revisitado ese proceso historiográficamente, y no hubo ‘una campaña de Roca’, sino un ciclo de ofensivas coordinado sobre territorio indígena, que comenzó antes de 1879 y terminó durante la primera mitad de 1880”.

Siguiendo con la evaluación del caso bahiense, la docente comentó: “Con respecto a la pertinencia o no, se trata de un predio suburbano, no habitado, lo cual no generaría inconvenientes, porque no está el acostumbramiento de los vecinos, ni a nivel económico habría perjuicio por cambio de cartelería o documentación. Paradójicamente, el nombre más votado para el cambio, fue el de ‘Roca’, con 1.400 votos, siguiéndole ‘Barranco de los loros’ con solo 150”. Y amplió destacando la importancia de que “antes de poner el acento en el cambio del nombre de un espacio, se dé lugar en la población a un debate en relación a los procesos históricos en cuestión”.

Más adelante, con respecto al tema del “Che” Guevara en Rosario, dijo que “esto excede el cambio de una nomenclatura por otra. Hay una cuestión ideológica que va más allá, permeando todo, porque piden que se revoque el nombramiento del Che como Ciudadano Ilustre, se quite el nombre de la plaza, y todas las iconografías y murales de éste en la ciudad”. Y agregó García que “esto no es nuevo en Argentina: Rosas no era citado desde la historia oficial, y no hubo calles con su nombre, ni billetes, ni pudo repatriarse su cuerpo, hasta el menemismo. Lo mismo pasó con Perón. Si uno revisa la documentación de los años posteriores a su caída, se lo nominaba como ‘el dictador’, proscribiéndose no solo su accionar político, sino su nombre en arterias y representación en esculturas e imágenes. De hecho, en nuestra ciudad, no hubo una calle con su apellido hasta después del año 2000”.

“Ese es el peligro de dejar expuesta la nomenclatura a los vaivenes políticos e ideológicos, que verán, según sea su perfil, las luces y no las sombras, o su reversa -algo que, por otro lado, todos los que incursionaron en política dentro de la democracia han tenido-, lo que llevaría a un cambio periódico de la nomenclatura de la ciudad y un trastorno para sus habitantes”, sentenció.

 

 


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