HomeDeportesLas historias de la pandemia y la alegría del fútbol

Santafesino en el Maracaná: “Vendí todo, vivo en Buzios y estuve ahí”

Se llama José Sabena y su padre (Rubén) fue un histórico entrenador de fútbol del Colegio La Salle. Además, su familia eran propietaria de la histórica Panadería 9 de Julio. Una experiencia inolvidable.

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Darío Pignata (El Litoral)

“Teníamos un emprendimiento familiar propio en Paraná, pero la pandemia nos consumió. Así que un día decidimos cerrar, bajar las persianas, vender todo lo que teníamos y nos fuimos a vivir a Buzios. Como todo exilio, fue duro, lejos de los afectos, del cariño familiar, de los amigos. Pero con el sueño intacto de volver a empezar, de no bajar nunca los brazos”, cuenta José con el “hilito” de voz que le queda luego de gritar a más no poder en el propio Maracaná junto a sus dos amores: su esposa Lorena y su hija Pilar.

“Teníamos con Lore (Lorena Pascullo, su esposa) un emprendimiento gastronómico: un bowling en la ciudad de Paraná. Las cosas, como a todos, se nos empezaron a complicar. Nosotros conocíamos Brasil, yo venía a trabajar en temporada de verano, pero siempre por el lado de Floripa, Ingleses: me dedicaba a las pizzerías. Eso me dio la ventaja, por llamarlo de alguna manera, de tener la residencia y todos los papeles en regla”, explica Gustavo Sabena a El Litoral desde Buzios.

“En junio, cerramos el negocio en Paraná. Y un día, los dos solos charlando en el patio de casa, Lore me dijo “vamos ahora a Brasil a vivir, no esperemos más”. Entonces, vendimos todo, pusimos la casa en alquiler y nos mandamos en octubre a conocer bien Buzios. Pude pasar la frontera por ser residente en medio de las restricciones. Ahí, nos volvimos a enamorar y fijamos el lugar”.

Pero, antes de despedirse de cada familia en Santa Fe, había una sorpresa más: “El 4 de noviembre, con mucha ayuda del Registro Civil en Santa Fe, nos casamos con Lore. Y nos vinimos en dos autos: tres hijos y ¡hasta la mascota!. Nuestra hija en común se llama Pilar. El 7 de noviembre ya estábamos viviendo en Buzios”.

En esa historia para llegar al Maracaná, a Gustavo Sabena le pasó lo mismo que a la Selección Argentina: se le cruzó un tal “Leo”, rosarino que le avisó lo de las entradas. Parece bíblico. “Acá hay muchos grupos de redes…”Argentinos en Buzios” y empezaron a poner la noticia. Primero dijeron 7.000 entradas, luego 4.000 y finalmente 2.200. Leo se fue solo y me iba escribiendo. Mi señora, que ayer sábado entró a trabajar a las 7 en una Posada, me dijo: “¿Mi amor, por qué no me dijiste de ir, con todo lo que te gusta el fútbol?”. Al minuto, estaba preparando el mate y salimos. Leo me decía, ¡vení que somos apenas 150 en la fila!. Al mediodía, estábamos los tres en el Maracaná: pagamos el PCR ahí mismo y de golpe estábamos con la entrada. ¡No lo podíamos creer!. Si bien dependía del resultado, ya era el sueño de ser parte de los 2.200 argentinos en el Maracaná”.

José Sabena viene de una familia de laburo y futbolera. “Me viejo, Rubén, fue 15 años DT de la Primera de La Salle y también mucho tiempo en las divisiones inferiores. Además, el recuerdo del emprendimiento familiar de la Panadería 9 de Julio. Yo siempre digo que me crié en Cabaña Leiva (N.de R: allí está el predio deportivo del Colegio), entre una pelota y una sacramento de la panadería”.
A la hora de emocionarse, de ver a Messi tan cerca con la Copa ahí en el Maracaná, reconoce que “me hubiera gustado entrar al Maracaná con mi viejo, con el Gordo, con Rubén…”.

Cuando las imágenes de la tele comenzaron a mostrar la cabecera donde estaban los 2.200 hinchas argentinos, a José Sabena le explotó el celular, se quedó sin batería. “Darío, mi hermano, el más futbolero, me enloqueció…jajaja”, cuenta desde Buzios. Y reconoce que “mi esposa sacó fotos, yo lo quería disfrutar con los ojos y no perderme nada. No me voy a olvidar en mi vida de lo de noche en el Maracaná”.

En la familia Sabena “es casi condicionante, ser de Unión”. Por lo tanto, José y Lorena comparten la pasión tatengue. Y cuenta que ya llegaron los primeros reclamos desde Santa Fe, responsabilidad de Cris Carlen: “¡Tenías que llevar la camiseta de Unión al Maracaná!”.

Así, José, Lorena y Pilar le pusieron mucho amor a la crisis, a los golpes, a la pandemia. Cerraron para volver a abrir. Y el fútbol, de manera impensada como las gambetas de Messi, les dio el mejor regalo para el alma: fueron santafesinos privilegiados en el Maracaná.

Gritaron toda la noche, explotaron con el gol de “Fideo” y con el pitazo final. Volvieron a Buzios los tres, muy tarde, cansados pero felices. Gracias al fútbol. Gracias a Messi. Gracias a la Selección Argentina. Ellos tres, sin saberlo ni darse cuenta en el Maracaná, también quedaron en la historia.


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