HomeVenado TuertoALTA DEMANDA PARA LA COOPERATIVA DE OBRAS SANITARIAS

Venado Tuerto duplicó la generación de residuos patológicos en la pandemia

Desde hace años, en su horno pirolítico, la empresa destruye residuos patológicos que antes se volcaban en el basural. Con la pandemia, ese servicio se multiplicó. Así, jeringas, agujas, gasas, barbijos, guantes, cofias, camisolines, se sumaron a los desechos habituales de los efectores. El Hospital Gutiérrez triplicó la generación y Venado la duplicó. En Villa Cañás se incrementó nueve veces. Y tres veces en Rufino y Teodelina.

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En esta ciudad el saneamiento ambiental suele asociarse exclusivamente con los servicios de cloacas y agua potable, ambos prestados por la Cooperativa de Obras Sanitarias. Sin embargo, la misma concesionaria también cuenta con un servicio de recolección de residuos patológicos (local y regional) y un horno pirolítico para su incineración, instalado a fines de los 90, y optimizado a través del tiempo.

Conociendo la multiplicación de la generación de esta clase de residuos en toda la provincia de Santa Fe, en el marco de la pandemia por Covid-19, Sur24 consultó al presidente de Obras Sanitarias, Marcelo García Lacombe, y a la gerente técnica. Ing. Vilma Olivieri, quienes destacaron que la empresa está asociada a la Cámara argentina de tratadores y transportistas de residuos industriales y especiales (Catries), y enseguida ratificaron la sospecha: la generación de residuos patológicos también creció significativamente en la ciudad y la región en tiempos de crisis sanitaria.

Tras señalar que la COS es uno de los tres operadores de residuos patológicos habilitados en la provincia (los otros pertenecen a empresas privadas y se hallan en las ciudades de Rosario y Santa Fe), el cooperativista describió que “hasta fines de 2019, nuestra recolección de residuos patológicos rondaba las nueve toneladas mensuales, mientras que en pandemia, es decir, casi todo 2020 y lo que va del año en curso, el promedio es de 18 toneladas mensuales”.

Por su parte, Olivieri detalló la situación del Hospital Gutiérrez, que “en junio de 2019 registraba una recolección de 2.100 kilos mensuales, llegando en junio último a los 7.100 kilos. Sin embargo -continuó-, los cambios más sorprendentes se detectaron en el Hospital de Villa Cañás, que saltó de 32 kilos por mes, en 2019, a 300 kilos en la actualidad, es decir que multiplicó por nueve. En Teodelina el aumento fue de cuatro veces respecto de la pre-pandemia y en Rufino se triplicó la generación”.

Si bien la masiva campaña de vacunación anti-Covid recién se intensificó a mediados del corriente año en el Hospital Gutiérrez y la región (sólo en Venado Tuerto se aplicaron más de 70 mil dosis), sumando jeringas, frascos, agujas y gasas, entre otros desechos, a la generación de residuos peligrosos, ya desde el comienzo de la pandemia las bolsas rojas se habían sobrecargado de cofias, barbijos, camisolines, cubre-calzado, guantes y otros elementos descartables de protección personal exigidos por los protocolos a los trabajadores de la salud.

Demanda regional 

“Aunque la generación de residuos patológicos en general creció fuerte en la pandemia, en los pequeños efectores de salud disminuyó por la baja concurrencia de pacientes durante largos meses; caso contrario, ese volumen hubiera sido mayor aún. También en los sanatorios, en los primeros meses de la crisis sanitaria, bajó la generación, porque se habían reprogramado las cirugías que no eran de urgencia, y apenas las reanudaron se sintió el impacto en la demanda de nuestros servicios”, evaluó la ingeniera Olivieri.

Además, apuntó que “no sólo se duplicó la generación de residuos entre el Hospital Gutiérrez, los sanatorios y otros efectores de salud locales, sino que también se sumaron numerosas localidades que hasta ese momento no habían recurrido a la Cooperativa. Esa mayor demanda nos llevó a la adquisición de un camión y posterior adaptación para la recolección de los residuos patológicos de la zona”, dijo Lacombe, aclarando que se fija un costo del servicio en función de los kilos de residuos generados.

En los comienzos, el horno original se usaba para incinerar los residuos de procesos internos de tratamiento cloacal, y luego se reconvirtió ante la necesidad ambiental de que los residuos patológicos recibieran un tratamiento específico y bajo normas (distinto de los residuos sólidos urbanos), más aún cuando la disposición final de los mismos era en el basural a cielo abierto, donde los recolectores informales (“cirujas”) hacían su trabajo afrontando altos riesgos de contaminación.

Horno al límite

“Hoy estamos casi al límite, porque el horno no debe funcionar más de cuatro o cinco horas diarias, y si excede ese lapso entra en riesgo todo el equipo. No sólo se duplicaron las horas de trabajo del horno, sino que se debió incrementar el personal e incorporar una unidad de transporte para la región. Además, tenemos convenios de colaboración con las empresas colegas y en algunas ocasiones apelamos a ellas, priorizando la incineración local de piezas anatómicas, que exigen la inmediata destrucción, y enviando otro tipo de residuos para su tratamiento a los operadores de Rosario y Santa Fe”, detalló la gerente técnica.

“No creemos que vaya a bajar la demanda una vez superada la pandemia, porque hay protocolos que llegaron para quedarse, como el de la indumentaria que los profesionales de la salud tienen que reemplazar varias veces cada día. Sí puede haber una merma en los descartables que son producto de una vacunación masiva, pero sin dudas que en el futuro la demanda promedio será mayor que en la prepandemia”, estimó.

Así, la Cooperativa de Obras Sanitarias tendrá que contar con dos hornos -en condiciones aptas- para garantizar el ciento por ciento de la demanda, y eso implica recuperar el equipo que hoy está fuera de servicio o bien incorporar una nueva unidad. Cualesquiera de estas opciones significa una importante inversión que el poder concedente tendrá que aprobar, o bien la COS deberá obtener recursos extra desde la Nación, la Provincia o el Municipio para poder hacerse cargo.

El horno pirolítico se localiza en el predio de las lagunas de estabilización de líquidos cloacales, adonde no llega el gas natural, y tiene que alimentarse con gas licuado de petróleo (GLP), con un costo económico más elevado. Con personal propio, la concesionaria se las ingenió para replicar en dos oportunidades el prototipo del horno original, aunque hoy sólo uno de ellos está en actividad, mientras que el otro deberá repararse para volver a operar.

Las bolsas rojas

La jornada de saneamiento empieza todos los días a las 5 de la mañana en la ciudad, y dos veces por semana en la región, cuando se recolectan las bolsas rojas de alta resistencia a través de personal y medios de transporte propios. Dichas bolsas deben ser entregadas cerradas (precintadas) por parte de los efectores de salud, y en esa misma condición deben ingresar más tarde al horno.

Asimismo, todo elemento corto-punzante, como los frascos o ampollas de las vacunas y las jeringas, se colocan en un recipiente (descartador) con paredes de gran espesor y una tapa con traba inviolable, y luego dichos frascos van a la bolsa roja precintada.

A su vez, las bolsas rojas se colocan en recipientes rígidos que provee la COS y luego de cada uso las somete a un proceso de triple lavado y desinfección, atendiendo estrictas especificaciones de la legislación provincial que la regula.

El horno de la Cooperativa de Obras Sanitarias alcanza marcas térmicas de entre 900 °C y 1200 °C, y como resultado de la incineración se obtienen cenizas desactivadas (inertes), que incluso aprovechan como insumo para la fabricación de losetas que usan en sus instalaciones, por ejemplo, como talud de las lagunas.

NOTA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA DE SUR 24 DEL LUNES 9/8

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