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Alfonsina Storni: primeros versos en Rosario y un legado poético inmortal

Su poesía de vanguardia fue reconocida en toda Iberoamérica. Su lucha feminista dio un portazo heroico a un mundo que asfixiaba a las mujeres.

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“¡Es que a las mujeres nos cuesta tanto esto! ¡Nos cuesta tanto la vida! Nuestra exagerada sensibilidad, el mundo complicado que nos envuelve, la desconfianza sistematizada del ambiente, aquella terrible y permanente presencia ‘del sexo’ en toda cosa que la mujer hace para el público, todo contribuye a aplastarnos. Si logramos sostenernos en pie es gracias a una serie de razonamientos con que cortamos las malas redes que buscan envolvernos; así, pues, a tajo limpio nos mantenemos en lucha. ‘Es una cínica’, dice uno. ‘Es una histérica’, dice otro.

Alguna voz aislada dice quedamente: ‘Es una heroína’ ”. La carta de Alfonsina, escrita en 1912, ilustra su personalidad de vanguardia. Su obra poética fue reconocida en toda Iberoamérica. Como cronista colaboró en los diarios y revistas más importantes de la época: “Caras y caretas”, “Fray Mocho”, “Nosotros”, “Atlántida”, “La Nota”, “Mundo argentino”, “Crítica” y “La Nación”. La poeta defendió los derechos de la mujer y luchó contra el estereotipo femenino de la época.

Nacida en Capriasca, Suiza, el 29 de mayo de 1892, Alfonsina fue maestra, actriz, cronista, poeta, militante, madre soltera y feminista. Este lunes 25 de octubre se cumplieron 83 años de su muerte. Hija de padres ítalo-suizos, nació allí casi por accidente, ya que la madre de Alfonsina, Paulina, era maestra, y su padre, Alfonso, había comenzado años antes un negocio en San Juan, que les permitió ocupar un lugar de prestigio en la sociedad argentina en los primeros años de casados. Sin embargo, empezaron las complicaciones económicas, así que el matrimonio, ya con dos hijos, se fue a Suiza. Cuando Alfonsina tenía cuatro años, la familia regresó a Argentina, primero a San Juan y luego, en 1901, se instaló en Rosario.

Storni ejerció como maestra en diferentes centros educativos y escribió sus poemas y algunas obras de teatro durante este período. Su prosa feminista, según la crítica, posee una originalidad que cambió el sentido de las letras de Latinoamérica. En su poesía deja de lado el erotismo y aborda el tema desde un punto de vista más abstracto y reflexivo. La crítica literaria, por su parte, clasifica en tardorrománticos los textos editados entre 1916 y 1925 y, a partir del libro “Ocre” (1925), encuentra rasgos de vanguardismo y recursos como el antisoneto, es decir, un soneto en verso libre.

Dentro de la literatura argentina, sin embargo, en general se la considera exponente del posmodernismo. Sus composiciones reflejan, además, su lucha en pos de la salud mental (padeció depresión) y muestran la espera del punto final de su vida, expresándolo mediante sentimientos como el miedo y el dolor.

En el verano de 1935, Alfonsina fue diagnosticada con cáncer de mama, lo que provocó que los síntomas del trastorno emocional recrudecieran y por eso se recluyó, evitando a sus amistades. Un año y medio después de que su amigo Horacio Quiroga se suicidara en 1937, le revela a su hijo que el cáncer había llegado a su garganta y que se había negado a someterse nuevamente a una cirugía. En octubre de 1938, en un hotel de Mar del Plata escribe sus últimos versos (“Voy a dormir”), que se harán célebres: “Déjame sola: oyes romper los brotes… / te acuna un pie celeste desde arriba / y un pájaro te traza unos compases / para que olvides… Gracias… Ah, un encargo: / si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido”. Se suicidó en la ciudad de la costa, arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Sus restos se encuentran enterrados en el cementerio de la Chacarita.

El legado de Alfonsina en Rosario

En 1901, la familia se instaló en el barrio Echesortu, donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre instaló un café cerca de la estación de ferrocarril Rosario Central. En esa época, Alfonsina escribe sus primeros poemas: “A los doce años escribo mi primer verso. Es de noche; mis familiares ausentes. Hablo en él de cementerios, de mi muerte. Lo doblo cuidadosamente y lo dejo debajo del velador, para que mi madre lo lea antes de acostarse. El resultado es esencialmente doloroso; a la mañana siguiente, tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones frenéticos pretenden enseñarme que la vida es dulce. Desde entonces, los bolsillos de mis delantales, los corpiños de mis enaguas, están llenos de papeluchos borroneados que se me van muriendo como migas de pan”.

Durante el tiempo que la familia Storni estuvo radicada en el barrio, los primeros poemas de Alfonsina comienzan a tener estado público, pues se publican en la revista “Monos y monadas”, que en ese entonces se editaba en la ciudad.

Precisamente allí, en su número 82 del 8 de enero de 1912, se da a conocer el poema titulado “Anhelos”, inspirado en el legendario ombú que durante muchos años fue parte primordial de la Quinta San Pedro, de Echesortu: “Bajo el ombú, que eleva majestuoso / su verde copa en la lanosa pampa / he sollozado un día los recuerdos /que viven en el alma”.

Alfonsina se desempeñó como camarera en el negocio familiar pero, dado que este trabajo no le gustaba, se independizó y consiguió empleo como actriz. Más tarde recorrería varias provincias en una gira teatral.

Su obra poética

El primer libro de Alfonsina Storni se publicó en 1916 y fue “La inquietud del rosal”; la publicación marcó el inicio de una carrera literaria que la convirtió en ícono del postmodernismo. Sus siguientes obras fueron “El dulce daño” (1918), “Irremediablemente” (1919) y “Languidez” (1920). Alfonsina apoyó la lucha por el voto femenino y escribió artículos y ensayos sobre los derechos de las mujeres.

Uno de los poemas pertenecientes a “El dulce daño”, su segundo libro, es “Tú me quieres blanca”, que alcanzará pronto gran notoriedad: “Tú me quieres alba, / me quieres de espumas, / me quieres de nácar. / Que sea azucena / sobre todas, casta. / De perfume tenue. / Corola cerrada”.

El diario “La Nación” publicó varios artículos suyos que escribió con seudónimo y se convirtió en parte de un grupo de escritores, poetas, artistas y músicos de la época que visitaba La Peña, un restaurante donde Alfonsina recitaba su poesía: “Pudiera ser que todo / lo que en verso he sentido / no fuera más que aquello que nunca pudo ser, / no fuera más que algo vedado y reprimido / de familia en familia, de mujer en mujer”.

En 1920 ganó el primer Premio Municipal de Poesía y el segundo Premio Nacional de Literatura por “Languidez”. En 1921, el Teatro Infantil Municipal Labardén creó un puesto para ella y en 1923 se convirtió en profesora de Lectura y Declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Poco después obtuvo una cátedra en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación.

Sigue publicando poemarios hasta que, en 1927, estrena una obra de teatro, “El amo del mundo”, que resultó un fracaso. En los años treinta realiza dos viajes a Europa con su amiga, la actriz Blanca de la Vega. Tras la vuelta del último viaje, se le descubre un tumor en el pecho; se lo extraen con éxito, pero la terapia de rayos es tan dolorosa que decide no continuarla.

Alfonsina se retrae y apenas sale a la calle. Vive sus últimos años atemorizada por la muerte. El 25 de octubre de 1938 hallan el cuerpo de Alfonsina Storni en la playa de La Perla, en Mar del Plata. Al día siguiente se publica su último poema, “Voy a dormir”, en “La Nación”.


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