HomeProvincialesLO INSPIRÓ SU HIJO CON AUTISMO

El joven de Santa Fe que creó golosinas “súper sanas”, premiado a nivel nacional

Leonardo Cristaldo y su equipo recibieron el segundo lugar del certamen NAVES, entre 4 mil participantes de todo el país. Desarrolló gomitas híper saludables, con todos los componentes proteicos necesarios y sin glucosa. Serían ideales para niños, deportistas y personas que deben regular su alimentación.

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¿A qué niño no le gustan las golosinas? Esas que se ven ahí, tan tentadoras, en las góndolas de los kioscos, se roban todas las miradas infantiles. Bueno: el problema es que la mayoría de esas golosinas no son saludables. Entonces “zás”, la idea: Leonardo Cristaldo junto al equipo de profesionales que encabeza, Sweet Power, crearon golosinas súper sanas, en formato de gomitas, que tienen todos los componentes proteicos que necesita un chico, y que sólo se conseguiría en farmacias y dietéticas, no en otras góndolas.

 

El desarrollo de Sweet Power (incubado por la UNL) ya es conocido, pero ahora viene la novedad: el proyecto se presentó en el certamen nacional NAVES, que impulsa el Banco Macro, que se realizó días atrás en Buenos Aires y del que participaron, además de equipos de emprendedores de todo el país, CEO’s de las empresas más importantes del país, de laboratorios y de fondos de inversión. Y el proyecto local obtuvo el segundo lugar entre unos 4 mil participantes, tras sortear exigentes etapas (ver Sobre la competencia).

 

Se sabe que los dulces tradicionales no son saludables. “Entonces, la idea que trabajamos fue lograr una golosina de base totalmente saludable, que no tenga glucosa, azúcar ni conservantes, pero que cuente con la forma y el sabor a una golosina. Y que esto sea el instrumento que lleven al complemento alimenticio”, pone en contexto Cristaldo, en diálogo con El Litoral.

¿En qué consiste el producto? Justamente en caramelos sin glucosa (que es justamente lo que hace que una golosina no sea saludable y genere sobrepeso en los niños) y en el formato de gomitas, para poder hacerlas con un gelificante. “Serán bolsitas con 100 gramos cada bolsita. Y esos 100 gramos podrían dar el 30% de la ingesta diaria que se recomienda en proteínas, minerales y vitaminas”, dice el emprendedor, que es correntino pero está radicado desde su juventud en Santo Tomé.

Durante el desarrollo del producto (y tras pasar varios prototipos), se fueron presentando problemas. Uno de ellos fue que un complemento alimenticio no lleva unas pocas vitaminas y minerales, sino que tiene 14 vitaminas y 14 minerales, proteínas y Omega 3. Son unos 30 componentes que Sweet Power debía combinar para que lograr un producto totalmente saludable.

A la formulación de 14 vitaminas y 14 minerales hubo que adaptarla para que no se afecte el sabor de la golosina. Y si no hay glucosa, ¿cómo se vuelve dulces las gomitas? “Iría endulzada con eritritol, que se usa en caramelos para personas diabéticas. Ese endulzante tiene cero índice glucémico, cero calorías, y de yapa evita las caries. Se saca de la destilación de la azúcar de, por ejemplo, la remolacha”, explica.

 

Cristaldo cuenta que se tomó el desafío de hacer una formulación que es muy difícil, porque lleva mucho tiempo de investigación y desarrollo. Son 30 componentes que tienen que estar balanceados, y aquí se aplica un procedimiento muy complejo en tecnología de alimentos llamado microencapsulación. “Entonces buscamos una fórmula diferenciada que sea a su vez diferentes a las fórmulas de las empresas que ya hacen complementos alimenticios”, explica.

Sobre este último punto, la principal diferencia es que en las golosinas de Sweet Power se utilizarían proteínas de arvejas, “que es una de las más completas en su estructura de aminoácidos; elegimos que sea una proteína vegana de origen agroecológico, porque muchos usan la proteína de soja que no está cuidada y que viene de cualquier lado. La proteína de arveja cuenta con la ventaja de que tiene certificación ecológica”, asegura Cristaldo.

 

Y lo que sigue ahora es conseguir financiamiento para poder montar un laboratorio nutricional y de alimentos, y así poder ingresar en el mercado.

 

Su hijo encendió la “lamparita”
Desde los 27 años que Cristaldo está radicado en Santo Tomé. Hoy tiene 37 y es emprendedor, con todas las letras: “Soy un fanático de todo lo que tenga que ver con emprender, crear, planificar planes de negocios”. Trabaja como ejecutivo de cuentas de una empresa multinacional relacionada con la tecnología. “Me decidí por la alimentación, algo que siempre me apasionó”, confiesa. Y aquí aparece la figura de su hijo.

 

El pequeño Franco tiene ocho años recién cumplidos. A los tres le diagnosticaron autismo. “Por esto, él tiene la dificultad de que es muy selectivo con la comida, por las texturas, colores, olores, sabores. Así, por ejemplo, no come ningún tipo de carne. Producto de su condición, notábamos que no se podía alimentar bien”, cuenta, ya en su lugar de padre.

 

Preocupado, Cristaldo hizo consultas con nutricionistas. Pero tampoco encontró las respuestas que esperaba para su niño. “Y ahí surgió la idea: es decir, lograr que un complemento alimenticio esté más pensado en el usuario. A Franco sí le gustan las golosinas y las come sin problemas, con lo cual este producto (al ser ciento por ciento sana) ayudaría mucho a complementar su alimentación”.

El mercado
El abanico del mercado es muy amplio. “El producto llegaría primero a los niños; luego también a deportistas o a personas adultas que deben balancear su alimentación; incluso en cosmética, pues abordaríamos con golosinas saludables varias problemáticas de ese rubro”, proyecta.

 

La llegada al público adulto vendría después, pues habría que “calibrar” la ingesta respecto de la cantidad de proteínas: “Si para un niño son 100 gramos el paquete de gomitas, para un adulto sería 15 gramos. Lo mismo que ya hicimos para niños se usaría para adultos, pero regulando ese valor”.

 

La idea original del modelo de negocios es ofrecer un complemento alimenticio que se pueda conseguir en cualquier farmacia o en dietéticas, no en otras góndolas. “Lo que siempre aclaramos es que no competimos con una golosina tradicional que se consigue en cualquier kiosco, sino que ofrecemos un complemento alimenticio”, aclara.

 

Con ello, “si un niño tiene un problema en la alimentación, un médico podría decir a sus padres cuál es el problema y recomendar un complemento alimenticio. Luego, el farmacéutico podría ofrecer nuestro producto como nueva opción. Además, como esta golosina ataca la malnutrición, se podría llegar a través de los gobiernos a los niños de los sectores más carenciados”, concluye Cristaldo.

EL EQUIPO
El equipo de Sweet Power se fue formando en la UNL, donde hizo el proceso de preincubación, una fase donde se trabaja y se pule la idea: duró 8 ó 9 meses. “Pasamos esa etapa y ya estamos incubados, la universidad nos ayudó a formar el equipo de profesionales. Tenemos un biotecnólogo como consultor, y logramos incluir a un investigador del Conicet Santa Fe (miembro activo) que es Dr. en Tecnologías de los Alimentos, y que es experto en microencapsulación”, dice el emprendedor.

Hay dos “patas” que son claves en todo el proyecto: la científica y la tecnológica. “Pensemos en que hay ciencia en el desarrollo de cada nutriente. Hablamos de ciencia y tecnología para un alimento del futuro que aporta un montón de nutrientes y es totalmente saludable”.

 

 

SOBRE LA COMPETENCIA
NAVES es una competencia organizada anualmente por el Banco Macro junto con la Universidad Austral. El evento dura seis meses, con capacitaciones intensivas y seminarios, y con entregas de planes de negocios. En una primera instancia de la competencia, se habían anotado 3.900 emprendedores. De éstos, fueron becados 1.900 de todo el país.

Sweet Power fue sorteando los escalones y llegó a la instancia nacional, donde quedaban los mejores proyectos de emprendedurismo de la Argentina. Quedaron 85, y cada equipo debió presentar su desarrollo en tan sólo cinco minutos. “De ésos, pasamos 33 a las ‘semis’; luego, la ‘final’ fue entre 10 equipos, otra vez con una rigurosa presentación ante un jurado evaluador, y responder preguntas”, cuenta el joven.

Los primeros ganaron un viaja a Israel. Y Sweet Power, muchas horas de capacitación y de consultoría jurídica con profesionales de la Universidad Austral, más otras valiosas facilidades tecnológicas. “Más allá del premio, lo importante para nosotros es que de los casi 4 mil proyectos, llegamos a la final. Esto nos abre muchas puertas porque se crean rede de contactos”, dice.

Luciano Andreychuk


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