HomeVenado TuertoEN HOMENAJE A ALEJANDRO SOLDEVILA

Otra perlita del Industrial: el Premio a la Pertenencia “Alejandro Soldevila”

En todos los colegios se premia al mejor promedio o el mejor compañero, pero en la Escuela de Educación Técnico Profesional N° 483 también se distingue a los que cursan los seis años "con la camiseta puesta", a los que dejan huella, con el Premio a la Pertenencia "Alejandro Soldevila".

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Suelen otorgarse distinciones en los colegios, desde hace décadas, a los promedios más altos, a los de mayor presentismo y al mejor compañero, por ejemplo, pero no es tan usual el Premio a la Pertenencia, como sucede desde hace unos años en la Escuela de Educación Técnico Profesional N° 483 “El Industrial”.

Sin dudas, una distinción con muchos competidores de fuste desde el vamos, sabiendo que el tradicional colegio técnico de avenida España al 400 siempre se caracterizó por el sentido de pertenencia de sus alumnos, esto es, el amor incondicional por “el Industrial”, que va más allá de los compañeros, de los docentes, de las aulas o del Taller (en su momento de la Viking), y que a la vez los abarca a todos.

Junto al director de la institución, Alejandro Baroni, la ex alumna y actual preceptora Raquel Barrionuevo es una de las constantes promotoras de este tipo de actividades, y ante la consulta de Sur24 explicó que “el Premio a la Pertenencia es para el alumno/a que demuestra en su trayectoria un sentimiento especial por el colegio; una identificación con El Industrial; un interés especial en representarlo cómo y dónde sea, desde sus puntos fuertes o desde el montón, es decir, en una Olimpíada o desde la tribuna en un intercolegial; orgullo de llevar puesto el guardapolvo gris, la chomba del colegio o imprimiendo en su buzo INDU en letras grandes. Es el sentido de pertenencia en su esplendor, de allí el nombre del premio”.

“Los premios de la promoción los compramos siempre en Patria Mía, y creo que en 2015, el Kuky Pemán se acercó al colegio una mañana con la propuesta de crear un premio del cual ellos se harían cargo, pero que apuntáramos a donde no se apunta comúnmente, no a las notas, no a la asistencia perfecta, no al deporte, no al mejor compañero… ellos querían que se lleve algo ese que siempre está, el que se pone la camiseta, el alma del grupo en el colegio, y el premio que lo eligiéramos pensando en el chico/a, lo que sea que le vaya a servir (como fueron las alpargatas para Sebastián Gatica en el 2019. Y en el Industrial nos pareció que a esas cualidades se les podría llamar ‘pertenencia’, y que si alguien tuvo esa pertenencia fue Alejandro Soldevila, desde su rol de alumno y hasta el último día”.

“Creo que es la única escuela que lo entrega, porque surgió luego de una tragedia que coincidió con la idea de la gente de Patria Mía, los Pemán, cuando su hijo menor era alumno del Industrial todavía (hoy ya es egresado”, recordó Barrionuevo.

Alejandro Soldevila, un referente

Alejandro Soldevila permanece en el recuerdo de la comunidad del Industrial.

“Alejandro Soldevila fue alumno del Industrial, promoción ’79, junto con Mabel Paggela, su esposa. Después les siguió su hijo Mauro y por unos años también vino Amilcar. Volvió al aula como profesor con una actitud ejemplar, hay tanto para decir de él que no terminaría más, queridísimo por sus alumnos, se preocupaba al extremo cuando no podía contagiar en los adolescentes la ‘necesidad de saber’, lo recuerdo en ocasiones enojado frente a la actitud conformista de algunos jóvenes (“no puede ser que les dé lo mismo saber o no saber”, decía y se rascaba la cabeza)”, describió.

“Él era todo lo que el premio representa, incluso recuerdo que en una muy mala situación laboral por la que atravesó la familia, seguía manteniendo sus horas en el colegio, y ante un ofrecimiento en una empresa puso como condición que le permitan seguir dando clase”, valorizó.

Siete años atrás, Alejandro Soldevila falleció en un trágico accidente en su auto. Ese día sus alumnos fueron a Tecnópolis y él decidió no acompañarlos e ir a buscar una máquina a una localidad de Córdoba, aprovechando que no perdía horas de clase. Los alumnos y profesores se enteraron durante el viaje de vuelta. “Si se pudiera medir la tristeza, creo que ese día superó todo”, aseguró Raquel Barrionuevo.

 

 


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jfranco@sur24.com.ar

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