1,5: el dramático número que marca la agenda de la Cumbre de Cambio Climático 

La meta principal es impedir que el calentamiento del planeta sobrepase un aumento de 1,5 °C respecto al siglo XIX. Para eso, el mundo necesita reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos ocho años. Si no se logra, la humanidad se enfrentará al peligro de no poder subsistir como especie. Se viene una semana clave en la búsqueda de acuerdos. 

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Por Gabriela Müller (*) 

El cambio climático ha pasado de ser un incómodo problema a una emergencia mundial que amenaza la vida del planeta en las próximas décadas. 

La temperatura media mundial de los últimos cinco años ha sido una de las más altas de las que se tiene registro, y cada vez es más probable que, en los próximos cinco años, las temperaturas superen temporalmente el umbral de aumento por encima de los 1,5 grados respecto de la era preindustrial. El aumento de las temperaturas globales ya está provocando fenómenos meteorológicos extremos devastadores en todas las regiones del mundo, con un impacto cada vez mayor en las economías, las sociedades y los ecosistemas. Ahora tenemos cinco veces más desastres meteorológicos registrados que en 1970 y son siete veces más costosos. Incluso los países más desarrollados se han vuelto vulnerables. 

Gabriela Viviana Müller

Es decir, los cambios recientes en el clima son generalizados, rápidos y cada vez más intensos y no tienen precedentes en miles de años. La influencia humana ha calentado a la atmósfera a un ritmo sin precedentes en al menos los últimos 2000 años. Así lo establece el último informe, recientemente publicado, del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). El nuevo informe demuestra que las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas son responsables del calentamiento del planeta en 1,1 grados centígrados por encima del promedio que había entre 1850 y 1900. Se observa que el clima está cambiando en todos los rincones del planeta a una escala no vista en miles y hasta cientos de miles de años, y alguno de esos cambios en marcha serán irreversibles por miles y hasta cientos de miles de años. 

Los científicos que han participado en la redacción del informe muestran cómo la acción humana todavía tiene el potencial de determinar el futuro del clima. Cómo será ese futuro depende en gran medida de lo que se acuerde en la vigésimo sexta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que comenzó este domingo en la ciudad escocesa de Glasgow. La COP26, es la mayor y más importante conferencia relacionada con el clima del planeta. 

  

¿Última oportunidad? 

Lo que está en juego es importantísimo. “Si no se actúa con determinación, nos estamos jugando nuestra última oportunidad, literalmente, de cambiar el rumbo de las cosas”, dijo el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en los días previos a la reunión. “Hemos llegado a un punto de inflexión sobre la necesidad de la acción climática. La alteración de nuestro clima y nuestro planeta ya es peor de lo que pensábamos, y está avanzando más rápido de lo previsto”. “El mundo tiene que despertar ante el peligro inminente al que nos enfrentamos como especie. Las naciones deben poner en marcha las políticas para cumplir con sus nuevos compromisos y comenzar a implementarlas en cuestión de meses”, advierte Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente). 

Durante la conferencia, entre otras cuestiones, los delegados tienen como objetivo finalizar el “reglamento de París”, o las normas necesarias para aplicar el Acuerdo de París, adoptado en 2015. Esta vez tendrán que acordar unos plazos comunes sobre la frecuencia de revisión y el seguimiento de sus compromisos climáticos. Es decir, París fijó la meta: limitar el calentamiento por debajo de 2 grados centígrados (idealmente 1,5), pero Glasgow es la última oportunidad para hacerlo realidad. 

La ciencia lo demuestra, un escenario de calentamiento de 1,5 grados centígrados es el “único futuro habitable para la humanidad” como afirmó Guterres. Limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados en comparación con 2 grados centígrados implica claros beneficios para las personas y los ecosistemas naturales, según un informe del IPCC. La adaptación por parte de los sistemas naturales, incluido el ser humano, son muy diferentes, incluso no le será posible a muchos de esos sistemas adaptarse a estos cambios, tal cual lo estamos viendo en las últimas décadas en que numerosas especies ya han desaparecido y otras tantas están en serio riesgo de extinción. El cambio climático está afectando cada rincón del planeta de múltiples formas y los cambios que experimentamos aumentarán con el incremento del calentamiento. 

  

¿Qué cambia si no se logra? 

Así, con un aumento de 1,5 grados centígrados habrá más olas de calor, las estaciones cálidas serán más largas y las frías más cortas. Y con un aumento de 2 grados centígrados los eventos extremos de calor serán más frecuentes y se llegará a niveles de tolerancia crítica para la salud del ser humano y la agricultura. 

El cambio climático tiene múltiples consecuencias en diferentes lugares, más allá de la temperatura, como ser cambios en la humedad, en los vientos, en las coberturas de nieve y hielo y en las áreas costeras, entre otros. Los cambios en el ciclo del agua debido a la mayor evaporación por el aumento de temperatura, implica lluvias más intensas, inundaciones y sequías más persistentes. Los patrones de lluvia claramente están cambiando, lo cual se acentuará a medida que la temperatura continúe aumentado. Las áreas costeras continuarán registrando un aumento del nivel del mar a lo largo del siglo XXI, que contribuirá a mayores inundaciones en las zonas más bajas y a una mayor erosión costera. Un mayor calentamiento amplificará el deshielo de la capa de permafrost (capa de suelo permanentemente congelada) y la pérdida de la nieve de temporada, así como el derretimiento de los glaciares y la disminución de la capa de hielo ártica durante el verano, cuyo impacto irá creciendo a nivel regional y global. 

Los cambios en el océano incluyen entre otros, la continuación del proceso de acidificación del agua y la reducción de los niveles de oxígeno. Tales cambios, que continuarán a lo largo de siglos, afectarán cada vez más a los ecosistemas marinos con serias consecuencias para las personas que dependen de los mismos para su subsistencia. En las ciudades, algunos aspectos del cambio climático se verán magnificados, por ejemplo el aumento del efecto de isla de calor ya que las zonas urbanas son naturalmente más cálidas que sus alrededores, como así también la frecuencia de las inundaciones por las lluvias y el aumento del nivel del mar en las urbes costeras. 

Las transformaciones requeridas para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados no tienen precedentes e implican profundas reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores. Para ello, la transición de los sistemas conlleva aspectos fundamentales como ser mayores inversiones en adaptación y mitigación, aceleración de la innovación tecnológica y cambios de comportamiento. Es decir, depende entonces de las decisiones políticas y sociales que se adopten. 

  

¿Qué hay que hacer? 

El tiempo corre, y para poder limitar el calentamiento, el mundo necesita reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos ocho años. Se trata de una tarea gigantesca que sólo se podrá llevar a cabo si los líderes que asisten a la COP26 presentan planes realmente ambiciosos, con plazos concretos y con una carga de trabajo inicial para eliminar el carbón y transformar sus economías para alcanzar el nivel de cero emisiones netas.  

Más de 70 países se han unido para prometer la neutralidad de sus emisiones de carbono para el año 2050. Sin embargo, muchos de los compromisos retrasan las medidas de acción hasta después de 2030, lo que pone en duda que la meta de cero emisiones netas pueda realmente alcanzarse. Además, muchas de estas promesas son “vagas” e incoherentes con los compromisos presentados oficialmente en las NDC (Contribuciones Determinadas Nacionales). “Necesitan hacer que sus promesas de neutralidad de emisiones sean más concretas, asegurando que estos compromisos se incluyan en las contribuciones determinadas a nivel nacional y que se tomen medidas para avanzar. A continuación, deben poner en marcha las políticas que respalden esta gran ambición y, de nuevo, empezar a aplicarlas urgentemente” dijo el titular de la ONU, Guterres. 

Estas afirmaciones del Secretario General de la ONU se basan en el Informe sobre la brecha de emisiones, publicado recientemente por la ONU, que muestra que los esfuerzos de cada país para reducir las emisiones nacionales sólo conducirían a una reducción adicional del 7,5% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero para 2030, en comparación con los compromisos anteriores. Esto no es suficiente. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el planeta necesita una reducción del 55% de dichas emisiones para limitar el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 grados centígrados, el valor máximo definido por los científicos como el escenario menos arriesgado para nuestro planeta y el futuro de la humanidad. Hay claras pruebas de que el CO2 (dióxido de carbono) es el principal agente del cambio climático, particularmente dañino en un contexto de calentamiento global porque permanece en la atmósfera durante siglos y en los océanos por más tiempo. Reducir a la mitad el CO2 significa eliminar 28 gigatoneladas adicionales de CO2 equivalente de las emisiones anuales, además de lo prometido en las NDC actualizadas y otros compromisos para 2030. El Informe sobre la brecha de emisiones 2021 también analiza el potencial que tiene la reducción de las emisiones de otros gases de efecto invernadero y contaminantes del aire que también afectan al clima como el gas metano procedentes de los sectores de los combustibles fósiles, los residuos y la agricultura. La reducción del metano podría limitar el aumento de la temperatura más rápidamente que la del CO2 debido a que permanece menos tiempo en la atmósfera, aproximadamente 12 años. El metano, el segundo mayor contribuyente al calentamiento global, tiene un potencial de calentamiento más de 80 veces superior al del CO2 en un horizonte temporal de 20 años. Cerca del 40% del metano proviene de fuentes naturales, como humedales y termitas, pero el 60% proviene de actividades humanas, como la cría de ganado, arrozales, minas, vertederos y la quema de biomasa. Por otra parte, el óxido nitroso, es otro de los contribuyentes al calentamiento, aunque en menor medida que el CO2 y el metano, y proviene en gran medida de las tierras de cultivo. 

  

Otras fuentes de energía 

Lograr ese objetivo de reducción de emisiones, requerirá implementar fuentes de energía renovable, ya que producimos el 85% de la energía global con minerales fósiles: carbón, petróleo y gas, y solo el 15% proviene de energía nuclear, hidroeléctrica y solar. Para tener éxito en la implementación del Acuerdo de París, deberíamos revertir esos números en las próximas décadas. 

La ciencia muestra, también, que una reducción enérgica y duradera de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero pueden limitar la magnitud del cambio climático. Según los cálculos de los científicos, esas reducciones pueden tener beneficios rápidamente para la calidad del aire, pero puede requerir entre 20 y 30 años hasta que las temperaturas del planeta se estabilicen. Estabilizar el clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero y llegar a cero emisiones netas de CO2. Limitar otros gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos, especialmente el metano, podría ser beneficioso tanto para la salud como para el clima.  

Si no reducimos las emisiones actuales a la mitad, la humanidad asistirá a un peligroso aumento de la temperatura global de al menos 2,7 grados centígrados durante este siglo, lo cual nos enfrentará al peligro de no poder subsistir como especie. 

(*) Gabriela Müller es investigadora del CONICET y directora del Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático (CEVARCAM) de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (Fich) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). 

  

 

 


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