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Gustavo Arias: el dibujante salvaje y solitario

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Una hoja grande, extensa con un simple lápiz o carboncillo pueden bastar para sintetizar un futuro hecho artístico. La escena es recurrente en las horas de la noche donde el artista se sumerge en su propio mundo lejos de la rutina diaria. Los auriculares evocan su música preferida convirtiendo al momento en el boleto de ida de un viaje con la certeza del arte como destino, aquel que comenzó en el instante mismo donde el tiempo se suspendió al corolario de una escena diurna cuya vida propia seguirá el cauce normal del voraginoso ritmo diario de la rutina laboral. Puede ser una escena que ocurrirá esta noche, puede ser una escena que ocurrió anoche o una de las tantas escenas que trillaron la vida del dibujante desde que tiene uso de razón. Porque Gustavo Arias dibuja desde que nació, aunque creo que nació el día que dibujó.

Su uso de razón se evoca desde sus primeros dibujos, en su escuela, en su casa: “Desde muy chico, tres o cuatro años ya tengo la noción de que dibujaba”.

Un artista indisciplinado, que supo escapar a la normativa educativa que muchas veces todo lo estandariza, para expresar de forma genuina y magistral su estilo y técnica propia: “Yo dibujaba en cualquier papel, con cualquier técnica. Me empezó a sorprender la atención que le prestaban algunos maestros en el colegio a mis dibujos. Muchos no me creían que los dibujaba yo, sobre todo si formaban parte de alguna tarea. Entonces en clase dibujaba lo mismo que había dibujado en mi casa para que vean que lo había hecho yo” en clara expresión de lo problemático que en ese punto le resultó la escuela primaria y llevando a quien escribe a preguntarse si está preparada para alojar la creatividad cuando esta viene a desestructurar lo establecido.

Gustavo no necesitó de encuadres y reglas para expresar aquello que su ojo humano captaba y capta como si fuera una cámara fotográfica: “Dibujo imágenes que me impactan y que puedo reflejar. Sale la inspiración, esas ganas internas de dibujar, expresar lo que veo. Eso me pasa a mí con el dibujo. Expresar lo que veo. Es mi momento donde siento que estoy haciendo ciento por ciento algo. Pongo todo ahí y lo expreso. Desde chico me pasó eso, veía una imagen como podía ser un caballo, una moto o un auto. Llegaba a mi casa y lo expresaba. Retenía en la memoria y lo hacía. En la crítica constructiva de los que lo observaban, yo me daba cuenta que lo hacía bien. Para mí era algo natural, siempre me llevó la línea de lápiz en blanco y negro”.

La expresión artística de forma genuina, sin aggiornarse a ningún tipo de escuela. La independencia de técnica caracteriza el estilo de Gustavo Arias y es quizás por esa anomia propia que convoca la atención y populariza el arte como posibilidad en sí: “Nunca realicé ningún tipo de taller con nadie, con ningún profesional estudié. Siempre el dibujo para mí fue algo natural, nunca fui a realizar ningún tipo de estudio. No aprendí ninguna técnica ni de sombreado ni de nada. Me gusta mucho lo que es lápiz, carbonilla, pero en lápiz. Sombreado en blanco y negro. No trabajo en color, salvo que me pidan algún trabajo específico o me inspire en hacer algo en color. Lo mío es en blanco y negro. En lápiz y en hojas gruesas. Así me gusta más trabajarlo”.

Tiene algo que decir y lo dice. Nos muestra la cara más noble del arte. Un portavoz emergente de la calle que habita desde el laburo diario, abarcando amplias temáticas como la fragilidad de los vínculos modernos, la condición humana desde el encuentro con uno mismo y el otro. El amor, la soledad, la vida cotidiana tienen lugar en su arte que puede manifestarse de forma. Surrealista o de forma realista aunque marca sus diferencias: “El realismo me resulta más complejo de realizar, me lleva más tiempo aunque también lo hago, por ejemplo en retratos. Me ha tocado retractar gente conocida y me ha demandado más tiempo porque hay que encontrar la expresión en el rostro, la mirada, el gesto. Captar el momento justo es lo que te da la esencia y la base de lo que se quiere reflejar”. Con respecto al arte que llama abstracto marca un punto de desencuentro por el momento.

Un artista solitario que irrumpe en la escena local de la ciudad casi sin buscarlo: “No tengo contacto con otros artistas. Sí en la última exposición que hice en El Galpón de las Juventudes conocí un par de artistas de Rosario que hacen pinturas en óleo y son excelentes profesionales. Allí la exposición mía llegó por medio del papá de un compañero del colegio de mi hijo. Yo publico mis trabajos en las redes sociales. Él los vió y me llamó. Las redes sociales hoy en día te abren muchas puertas. Mi arte está vinculado a mi tiempo libre, nunca lo hice como algo comercial, lo expreso natural y al subirlo en las redes la gente lo va viendo. Salió natural en una charla en la puerta del colegio, este papá tiene un bloque de seguros en el cual participan de un encuentro anual de varias empresas que sponsorean la exposición de artistas locales. Me comentó si quería exponer mis trabajos. Le pasé mi material a los organizadores de este evento que es el Rotaratc. Me convocaron a dibujar en vivo”.

En el evento por primera vez tuvo la experiencia de dibujar en vivo: “Fue rara también en mí, porque yo cuando dibujo por lo general lo hago de tarde o de noche. Mis dibujos más importantes los tengo realizado de noche, por una cuestión de tiempos laborales, lógicamente. Me desconecto, entro en mi plano, en mi mundo. Me pongo los auriculares y me olvido de todo. Es una descarga a tierra para mí. Una terapia excelente”.

Dibujos en el bar
Además de los dibujos nocturnos en lápiz realiza la serie que podemos llamar “dibujos en el bar”. Al preguntarle sobre la trama de los mismos dijo: “Son dibujos que tengo, que realizo en birome. Generalmente los hago en algún break que tengo en el día. Cuando trabajo tengo muchas horas en la calle, así que cuando paro un ratito a tomar un café en algún bar, yo le digo ‘break’, me viene alguna imagen en el mismo bar o algo y me pongo a dibujar en el momento. Algunos dibujos los he regalado, a la moza, alguna persona o a quien sea. Así me sale, en el momento. Me agarra las ganas internas de querer expresar y lo hago” y agregó mientras evocaba un recuerdo juvenil de su etapa escolar: “Es natural, lo hago desde que tengo uso de razón. En la escuela lo hacía. Yo iba al Normal 3 en la secundaria. En primer año hice un mural en un patio interno, que pintamos entre todos los chicos con una frase. Ganamos a nivel provincial, el premio recuerdo que lo entregó Héctor Caballero”.

A partir del evento organizado por el Rotaract Club, algunas puertas se le fueron abriendo a Gustavo Arias, el dibujante anónimo que siente al dibujo como una pasión y medio para expresar y decir algo de lo que le pasa y nos pasa a todos nosotros.

Bio

Gustavo Arias nació en la ciudad de Rosario. Desde que tiene uso de razón, la pasión por el dibujo la expresa su mano. Sus trabajos se refieren la mayoría en lápiz, blanco y negro. Algunos trabajos como los llamados “Serie en el bar” los desarrolla en birome, abarcando un amplio género de imágenes y poniendo el alma en cada una de ellas.

Ariel Gustavo Pennisi


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