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Santiago Alonso: enamorarse de la música

Dicen que en los primeros años de vida, la música es clave en la vida de un niño como estímulo, la lectura también. Ojalá que nunca se acabe la música que nos invade desde niños como lo hizo la misma con el cantautor y actor Santiago Alonso. Mirador Provincial dialogó con el artista para conocer a fondo su carrera y sobre su último trabajo musical.

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Santiago Alonso es encantador por donde lo observes pero ese encanto tiene historia, misterios, delirios. Quien fuera el portador de ese corazón inquieto, curioso que le permitió al cantante llegar a ser lo que es hoy, una talentoso compositor, actor y astrólogo.

Sin dudas este trovador tiene todo lo que se necesita para triunfar en el ámbito artístico. Mirador Provincial dialogó con el artista para que nos cuente sus más íntimos secretos, su vida, tan personal que tiene cada músico y que revela sin miedo.

-¿Cuándo comenzó tu pasión por la música?
-En la infancia. Indudablemente. Con mi familia viajábamos mucho por el país en los veranos. Mi madre siempre cuenta que yo con apenas 2 o 3 años era el único de los 4 hijos que se quedaba hipnotizado escuchando música en el auto. Pedía quedarme un rato más dentro del auto aunque hubiéramos llegado a destino para terminar de escuchar la canción que estuviera sonando. Incluso babeaba… me da un poco de vergüenza contarlo pero entiendo que era parte de ese trance en el que entraba con la música.

Ya de niño, a los doce, mis padres me regalaron un piano eléctrico. El teclado venía con diez clases en las academias Yamaha, algo así como un servicio post-venta. Fui a la primera y me encontré con un dinosaurio que me enseñaba solfeo… al volver a casa le dije a mi madre que no quería seguir yendo a clases de piano. Mi madre, mujer estricta si las hay, me respondió que esas clases, al igual que el piano, ya estaban pagadas y tenía que asistir. No había opción. Me armé de paciencia y cumplí con las nueve clases restantes. Volví a mi casa después de la última y guardé el piano en su caja, debajo de la cama. Era el fin.

Un año más tarde, por curiosidad, volví a sacarlo de la caja y comencé a jugar con él. Ahí empezó el amor que duraría toda la vida. Me enamoré jugando, sacando canciones que escuchaba en la radio. Siempre tuve mucho oído y poca disciplina…

– Sos actor, cantautor y astrólogo. Multifacético podríamos decir… ¿cómo se da esta combinación?
-Soy curioso. Y muy manija. Creo que eso me define. Todo lo que tenga que ver con la autoexpresión me atrae, me conmueve. Actuar, cantar, tener la posibilidad de modificar, llevar a la reflexión a quien escuche. Y por supuesto la búsqueda de sentido. Como buen sagitariano, sin intenciones de teorizar sobre Astrología, me atrae mucho la búsqueda de sentido. El fuego sagrado. Entender por qué nos pasa lo que nos pasa. Qué lección hay detrás de cada acontecimiento. Más que astrólogo me considero un aprendiz, un curioso de la Astrología, del Tarot, de la espiritualidad, de las emociones… en esos terrenos me muevo con felicidad. Me vitaliza.

-Contanos sobre tu tercer disco El Ermitaño, ¿cómo se dio la génesis del mismo y cómo surgió el nombre?
-El Ermitaño surgió en plena cuarentena estricta. Ese parate obligatorio del 2020, si bien fue un momento duro para muchísima gente, en mi caso me dio la oportunidad de poder parar y reflexionar sobre los años que me precedían. Años de mucho movimiento externo (viajes, giras, mudanzas) y mucho movimiento interno (reordenamiento de prioridades, cambio de trabajo, nueva pareja, hijos, casamiento). Creo que pude detenerme y observar, guitarra en mano, como todo iba decantando, cobrando un nuevo sentido a medida que lo repasaba y lo resignificaba. Ahí está esa búsqueda sagitariana de la que hablaba hace un rato.

Y así fueron brotando las canciones. Tenía tiempo. Me sentaba en el porche de una casita a la que nos acabábamos de mudar y miraba las veredas vacías. Sólo era cuestión de tiempo.

El nombre vino inmediatamente porque mi mujer también es astróloga y tarotista. La casa está llena de mazos y uno de mis arcanos favoritos es el número nueve: El Ermitaño. Este arcano mayor habla de un momento de introspección, de volver sobre nuestros pasos para ver el camino que nos trajo hasta aquí. Ir hacia adentro para encontrarse. Carl Jung dijo sobre este arcano una frase que lo define y que elegí para dar apertura al disco: “Quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta”. Ese es el porqué de El Ermitaño.

-Participaron en el disco artistas como Adrián Berra, Alisa Amador y María Paula Godoy. ¿Cómo fue trabajar con ellos?
-Fue todo muy hermoso y muy orgánico. La primera participación que surgió fue la de Adrián Berra que es un colega y amigo. Adri es un referente para los cantautores de nuestra generación. Hace mucho tiempo que tenía ganas de invitarlo a participar de alguna canción. Y aparece, justamente en “Pasa Que”, una de las canciones más profundas que tiene el disco. Esta canción tiene como teoría que todo aquello que postergamos, negamos y relegamos, tarde o temprano vuelve. Ya ves que cuando miramos para adentro aparecen cosas luminosas y también aparecen sombras. Sombras que hay que abrazar, aceptar y entender. Adri, en esta canción, aparece como un alter ego mío, como mi otra cara que asume y reconoce todas esas cosas que en la superficie uno a veces niega y pone excusas. El resultado fue preciso y precioso.

Luego invité a Alisa Amador, que es una cantautora norteamericana con raíces mexicanas y amor rioplatense. Ali tiene una voz diáfana y preciosa. Tiene un nivel de sensibilidad para cantar que conmueve hasta las lágrimas. Nos conocimos en un taller de canciones al que asistimos juntos (de manera virtual) y cuando compuse “Casa” supe que quería compartirla con ella. “Casa” tiene un mensaje esencial y es que lo que importa verdaderamente de una casa no es su forma, su estructura o su ubicación sino la gente que la conforma. Habla más del concepto de hogar. Hacer casa en los vínculos, en la gente que a uno lo quiere. Y además, la canción, tiene una estética folk donde la voz de Ali quedó pintada. Mis influencias Dylaneanas quedaron expuestas en ésta canción y la búsqueda del dúo fue recrear, humildemente, lo que muchas veces hicieron Bob Dylan y Joan Baez.

La última participación es la de María Paula Godoy. María es una cantante tremenda nacida en Tucumán y criada en San Pablo que tiene una mixtura muy rica en su voz, una mezcla entre Mercedes Sosa y Gal Costa. La canción “Sol” le quedó justa porque la canta desde las entrañas. Hay algo amazónico y de la puna. Su voz va recreando los climas y paisajes por los que éste sol al que le cantamos va pasando. Es uno de los temas más conmovedores del disco.

También tengo que destacar la participación especial de Vera, mi compañera. Ella es una de las personas de las que más aprendo día a día, además de ser mi apoyo en todo sentido. Venimos transitando juntos el mundo del autoconocimiento, el mundo del esoterismo y el mundo artístico. En ése sentido, tiene dos participaciones fundamentales en “Viento” y en “Última Luz” donde recita palabras que escribió especialmente para estas canciones, reflexiones que enriquecieron muchísimo el disco.

– Hablanos de tus raíces musicales, ¿cuáles fueron tus influencias?
-Yo me crié escuchando a los pilares del rock argentino: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez y Andrés Calamaro. Entré a la música, conscientemente, por ahí. Pero luego pude hacer un trabajo más inconsciente y rescatar sonidos que estaban en mí desde siempre: Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa pero también Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina… Un día apareció Dylan y se quedó para siempre.

-Nacido en Buenos Aires. ¿Cómo encuentras tanta tranquilidad y serenidad en una ciudad tan movilizante?
-Bueno, lo cierto es que si bien nací en Buenos Aires, mi infancia fue en las afueras, en una ciudad/pueblo llamada Bella Vista que hace honor a su nombre y a la cual en “Hierba Seca”, mi disco anterior, le dediqué una chamamé. Creo que el contacto con la naturaleza es muy importante, al menos para mí, a la hora de escribir canciones. Pero no lo es todo. Hubo muchas canciones que compuse en Buenos Aires, durante los diez años en los que viví allí (2010 – 2020) y tengo hermosos recuerdos de mi etapa porteña. La ciudad tiene una energía única, muy intensa y muy especial. Saca lo mejor y lo peor de uno, como una pareja.

-¿Cómo ves la escena musical en nuestro país?
-Como decía Miguel Abuelo, el mejor momento de la música siempre es hoy. No soy de los que añoran tiempos pasados y se quejan por no entender las nuevas expresiones artísticas. El día que haga eso, debería llamarme a silencio. Creo que el arte es un fiel reflejo de cómo vivimos, de contra quién luchamos, del modo en el que interpretamos nuestra realidad y de las posibilidades que tenemos o las que nos faltan. El arte es como el agua que baja por la montaña: siempre va a encontrar un lugar por donde bajar y hacer su cauce. Y ese cauce va a ser siempre hermoso y único, por más terrible que sea el contexto.

-¿Qué opinión te merece esta cuarentena?
-Pienso que la estrategia general del manejo de la pandemia fue buena. Podría haber sido mejor, pero con el diario del lunes, todos opinamos. Lo importante es que el sistema sanitario no colapsó y no murieron personas por falta de camas en los hospitales. Es cierto que también el costo de tanto encierro fue alto. Miles de puestos de trabajo, pymes y empresas que no pudieron sostener la situación. En la cultura se sufrió mucho también. Cerraron muchas casas culturales y se perdieron espacios preciosos, muy valiosos. Creo que se fue aprendiendo a medida que se iban sucediendo los hechos y creo que sigue habiendo mucho que aprender. Esto no ha terminado. Ojalá entendamos que la salida es generalizada y solidaria. Si no, nada de esto va a haber tenido sentido.

-¿Fue una cuarentena esotérica e introspectiva o todo lo contrario?
-En lo personal sí. Fue muy afectiva. En el 2019 me casé con Vera, que tiene tres hijos a los que quiero como si fueran míos y a principios de 2020 nos mudamos todos juntos a una casa en Bella Vista, la ciudad de mi infancia. Fue un volver, diez años después, de un modo súper especial, renovado, con un nuevo núcleo familiar y con muchas experiencias encima. Si bien los primeros meses fueron de incertidumbre económica, cuando pudimos encontrarle la vuelta (de un modo mucho más austero) apareció un remanso en el cual nos disfrutamos mucho.

-Quisiera ahondar en el primer single “Casa”, que también contó con un videoclip, el cual fue protagonizado por vos y tu esposa, la tarotista y astróloga, Vera Alimonda. ¿Cómo se dio esa idea?

-La idea del videoclip fue contar nuestra historia. Casa es una canción que compuse casi como contrapartida a una anterior que se llama “Un día cualquiera”, en la que hablo de los viajes y todo lo que se expande en uno a la hora de viajar. Fue en esos viajes donde me di cuenta que una de las cosas más hermosas de viajar era volver a casa. Es bien distinto el semblante del viajero que sabe que lo esperan de vuelta del que no.

De modo que Casa es la historia de un regreso y la reflexión que ese regreso trae aparejada: No importa tanto dónde esté ubicada, sino la gente que está adentro. Con Vera y con los chicos nos mudamos varias veces. En una de esas mudanzas entendí que mi casa era donde estuvieran ellos.

Lo que se viene
-¿Qué proyectos a futuro tenés pensado realizar?

-En lo inmediato será salir a tocar y presentar El Ermitaño en cada lugar que pueda. El disco salió en octubre y, si bien hice una presentación en noviembre en Buenos Aires, el objetivo del año próximo es poder llevarlo a cada rincón del país y, por qué no, afuera.

Va a depender un poco de cómo nos vayamos acomodando al crecimiento de Pedro, nuestro último hijo que nació en Julio del 2021 y es un bebé hermoso que nos alegró la vida y nos hizo replantear muchas prioridades. Siempre y cuando la dinámica familiar nos lo permita, continuaremos con nuestro espíritu juglaresco y altruista.

Gisela Mesa


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