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Analía Ruiz: ‘’Las canciones se deforman y se transforman, y muchas veces esto ya está pasando antes de que lleguemos a darnos cuenta’’

Desde 2018, este duo musical, Caramelos de la nada construye mundos a partir de otros. Tomando canciones del repertorio popular latinoamericano, el proyecto formado por Analía Ruiz y Diego Cotelo se sumerge en un proceso de trabajo e investigación en el que cada composición se transforma, se deforma y se vuelve a formar desde un nuevo enfoque.

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Caramelos de la nada es un dúo integrado por Analía Ruiz y Diego Cotelo que surge a comienzos del 2018. Ambos integrantes cantan, poniendo un importante foco en los arreglos vocales y alternan, entre sus dos pares de manos, una instrumentación minimista y peculiar (guitarra, clarón, bombo legüero, teclado, bases electrónicas).

Su trabajo se basa en versionar repertorio popular latinoamericano, buscando variedad en cuanto a la procedencia, género y antigüedad de las canciones elegidas (Galemire, Zitarrosa, Fernando Cabrera, Viviana Ruiz, Las Áñez, Matías Mormandi entre otros).

Desde el inicio del proyecto, el dúo se ha presentado en diversos espacios de Montevideo y el interior del país. En 2020, publicaron su primer EP, Palabras Cruzadas, y actualmente se encuentran presentando su primer LP homónimo. Mirador Provincial entrevistó al duo para conocer sus comienzos y del trabajo musical en el que estan trabajando.

Inicios musicales
-¿Cuándo comenzó la pasión de cada uno de ustedes por la música?

Analía Ruiz: No sé si puedo identificar un momento en el que haya “comenzado”. Es una pasión que sigue comenzando, se renueva, se reinventa y transforma. La música siempre formó parte de mi entorno familiar, y por lo tanto, siempre fue parte de mi vida. Eran bastante frecuentes las jornadas con rondas de guitarra, y en casa siempre se escuchaba mucha música. La selección musical variaba entre mis preferencias, las de mi madre, padre y hermanos mayores, por lo tanto también era muy variado el repertorio de lo que solía escucharse en el cotidiano. Cuando yo era muy chica mi hermana ya tocaba guitarra, componía y cantaba, por lo tanto también crecí siendo testigo de sus procesos creativos y de su carrera musical. Siendo adolescente empecé a cantar en el coro del liceo y allí empezó en mi vínculo con la música, una pasión más “profesional” o la idea de que podía ser algo en lo que formarme y a lo que dedicarme. Al terminar el liceo, comencé a formarme en canto con docentes particulares y Estudié actuación en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático.

Diego Cotelo: En mi caso, desde niño siempre anduve interesado. Recuerdo pedir una guitarra para mi cumpleaños cuando tenía unos 5 o 6 y que me regalaran una de juguete que al apretar unos botones disparaba sonidos de guitarra eléctrica y ya entretenerme con eso. A los 8 me dieron una de verdad y empecé a tomar clases. Desde entonces siempre ha estado en la vuelta, casi siempre como algo fundamental, variando los intereses y focos. Tuve una primera adolescencia rockera (en la que me quedó una relación de comodidad con la guitarra) y una segunda más volcada a la música electrónica (en la que aprendí a usar la computadora para hacer música y me quedó una noción de como grabar y editar). De ahí en más siguió siendo todo variado tanto en lo estilístico como en el instrumento o el rol que cumplir, pero la claridad de que quería dedicar mi vida a eso quedó fija.

-¿Cómo surge el nombre Caramelos de la nada?

Analía: Surge de un error. Hacía unos meses que veníamos ensayando y trabajando en el proyecto, y sabíamos que queríamos que el dúo tenga un nombre, pero no lo encontrábamos. En ese momento, dentro de nuestro repertorio estaba Carabelas nada, el tremendo tema de Fito Páez que está en Tercer mundo. La cosa es que estábamos cantando esa canción y en el momento en que la letra dice Carabelas de la nada dijimos Caramelos. En mi recuerdo, nos equivocamos los dos y dijimos lo mismo a la vez, pero no estoy segura de si fue así o si es una deformación idealizada de mi recuerdo. Lo que sí recuerdo seguro es que nos detuvimos y yo dije “Caramelos de la nada suena como a nombre de banda” y nos miramos y ta, ya estaba ahí, había llegado solo. Nos gustó desde el primer momento esta cosa del no significado. Caramelos de la nada no es nada en particular, y al mismo tiempo levanta imágenes diferentes y raras en quienes lo oyen.

-Sin dudas para que un dúo tenga éxito y logre transmitir con serenidad y claridad como ustedes lo hacen debe haber una base sólida y de confianza. ¿Cómo manejan el “matrimonio musical”? ¿Cómo es el modus operandi en sus ensayos?

Analía: Creo que el dos es un gran número de personas para el trabajo creativo, y que ambos nos llevamos muy bien con el formato. A la vez, somos muy amigues. Tenemos la costumbre de hablar mucho, y eso facilita enormemente la confianza y la claridad a la hora de intercambiar, opinar y proponer. Los ensayos siempre están estructurados en función al próximo proyecto venidero, o a lo que estemos focalizados en trabajar en el momento. Hay ensayos que son íntegramente de experimentación o improvisación sobre repertorio. Estas suelen ser instancias más de juego, de prueba. Hemos tenido siempre una dinámica bastante instalada de que las ideas que aparezcan, se prueban. Todas. Si no funcionan, se descartan pero siempre se prueban. Hay otros ensayos que son más técnicos, y dedicados a ajustar arreglos que ya tenemos. Hasta cierto momento, este trabajo venía siendo pensado siempre para el espectáculo en vivo. En el 2020, los espectáculos en vivo se suspendieron, y además comenzamos a trabajar en Palabras cruzadas, el EP que publicamos ese año. Todo este trabajo lo hicimos en la casa de Diego y a partir de entonces, los ensayos pasaron a tomar un formato más de estudio, y el objetivo de grabar.

Durante el proceso del disco, los ensayos fueron alternándose bastante entre estas modalidades, y sumando jornadas de escucha, mezcla, etcétera. Podría decir que no tenemos un solo modus operandi, sino que este va modificándose en función de nuestras necesidades, nuestras energías y dependiendo de en qué estemos trabajando. Lo único que se ha repetido sin falta es hacer el mate al llegar y ponernos al día. Nuestra sintonización.

Diego: Tenemos una ventaja y es que coincidimos mucho en criterios y gustos entonces desde el principio el trabajo resultó muy fluido porque rara vez estamos en desacuerdo en algo.

-¿Cómo ven la escena musical en Uruguay y en nuestro país? ¿La pandemia los afectó o pudieron sortear esta cuarentena?

Analía: La pandemia nos afectó, claro (¿Hay alguien a quien no?) y a la vez, pudimos sortearla. Fueron años muy difíciles laboralmente. Ambos vivimos de tocar y dar clases. Además, en Uruguay, el sector cultural fue uno de los más afectados por los tiempos de suspensión y las medidas protocolares (incluso al estar otras cosas ya habilitadas, las salas y espacios culturales seguían cerrados), pero partimos de la base de que ambos teníamos casa donde vivir y alternativas para sostenernos.

Fuera de esto, que fue nuestro caso particular, la escena musical montevideana viene, sin dudas, de los tiempos más difíciles que ha transitado. Fueron muchos, muchísimos meses sin trabajar, y con un estado que no estaba haciéndose cargo realmente de lo que esto implicaba para muchísimas personas.

Creo que actualmente, se está viendo un tremendo “estallido” de la cultura que está volviendo a tomar las calles. Recién comienzan a verse las salas llenas otra vez. Los calendarios semanales están llenos de propuestas de todo tipo, y hay mucha gente estrenando espectáculos que venían siendo suspendidos desde hace un montón. Creo que si realmente nos permitimos permearnos de lo que nos sucede a la hora de crear, el arte no va a volver a ser el mismo. Por lo tanto, supongo que está bueno estar atentos. A lo nuevo.

Diego: En cuanto a oferta la veo estallada. Está lleno de gente de distintas generaciones haciendo cosas interesantes y pudiendo mostrarlas al mundo con relativa facilidad. En cuanto a la realidad laboral de todos esos artistas la veo más bien complicada. Hay varias herramientas que favorecen la comunicación y la masividad, pero que a la vez perjudican al artista económicamente (Spotify, por nombrar una) y esa misma sobreoferta de información creo que tiene un efecto nocivo, entumecedor, ruidoso que hace que se pierdan o pasen por alto cosas valiosas. En Uruguay, el oficio de músico está concebido muy raro idiosincráticamente. Que te paguen bien por tocar es más bien una rareza y la mayoría hacemos malabares con algún otro tipo de trabajo para lograr una vida digna. Todo esto empeoró con la pandemia, obviamente. De todos modos, yo intento habitar más la visión de que es un privilegio poder dedicarse a lo que uno ama y desde ese enfoque positivo la pandemia, con ¡todas! las complicaciones que trajo, sí nos dió un tiempo y un espacio mayor para trabajar en el disco, prestar atención al detalle, incubarlo.

-¿Cuáles son sus influencias musicales?
Analía: Podría nombrarlas eternamente y serían mil. Pero pienso en las que tienen más que ver con este momento: Björk, siempre. Las Áñez -en su formato dúo, y en su proyecto de versiones llamado Bituín-, Viviana Ruiz, Juana Molina, Caetano Veloso, Fiona Apple. Y todos los compositores que versionamos.

Diego: Hay de todo. Si es por nombrar artistas te diría: Bituin, Apanhador Só, Bon Iver, Moses Sumney, Radiohead, James Blake, Metá Metá, Luna Monti y Juan Quintero, Liliana Herrero. Muchas veces hay un concepto que nos divierte y es el de tomar un tema de origen folklórico y llevarlo a un territorio más ruidoso y post rockero. Ese diálogo entre las raíces y algo más moderno y digital es un rasgo fuerte de nuestra identidad.

-Cuéntenos de su primer EP, Palabras Cruzadas, ¿Cómo surge?

Analía: En un momento de la pandemia decidimos considerarnos mutuamente burbuja y retomar los encuentros. Los conciertos en vivo estaban suspendidos por tiempo indeterminado, y teníamos a la mano el tremendo privilegio de tener todos los equipos necesarios para grabar en casa. La idea del disco ya estaba en la vuelta, pero la pandemia no nos estaba permitiendo ir al estudio y avanzar en ello. Por lo tanto, empezamos a grabar estas tres canciones en la casa de Diego, con la idea inicial de publicarlas en YouTube, con sus respectivos lyric videos. Una vez que estuvieron las tres grabadas, surgió la idea de publicarlas como un EP, que además podía ser una especie de adelanto del disco que se venía (ya que hay dos canciones en común, a pesar de que cambian del EP al disco).

-Una canción puede transformarse, deformarse y volver a formarse desde un nuevo enfoque. ¿Estamos en lo cierto? Cuéntenos un poco del arduo y placentero trabajo que hacen con las canciones y cómo logran que queden tan bien.

Analía: Todas las canciones que están en el disco atravesaron un largo proceso de trabajo. Normalmente nos acercamos a la canción de a poco. Al principio, la vamos tirando con instrumento y voces, elegimos tonalidad, probamos algunas armonías. Luego, empezamos a jugar un poco más. ¿Y si probamos tirarla rapidísima y después super lenta? y así. Se nos ocurren ideas que vamos tirando, vamos probando instrumentación y sonidos. Normalmente las presentaciones en vivo son parte fundamental de este proceso de prueba. En el concierto y con la gente es bastante más claro lo que funciona y lo que no. En base a todas estas pruebas vamos tomando y sacando cosas.

Las canciones se deforman y se transforman, y muchas veces esto ya está pasando antes de que lleguemos a darnos cuenta. Con esto voy a que a veces, las decisiones “transformadoras” son súper concretas y conscientes (instrumentaciones, sonidos, tímbricas concretas) y a veces son cosas que van sucediendo intuitivamente, y que en algún momento decidimos quedarnos.

Las ocho canciones que forman parte del disco, fueron elegidas por varias razones, pero fundamentalmente porque creemos que logramos en ellas, llegar a algo que es nuestro y nos representa. Al mismo tiempo, estoy segura de que el proceso de transformación de estas canciones no terminó aún. El tiempo y los formatos cambiantes irán diciendo qué pasará con ellas.

-Nos gusta conocer a los artistas y siempre digo que la crianza y su barrio dicen mucho. Háblenos de Uruguay del barrio que los vio crecer.
Analía: Yo nací en Montevideo, pero crecí en Lagomar, Ciudad de la Costa, que está a 23 kilómetros hacia el este. Es una preciosa zona de balneario. Mis padres se mudaron allí en la década de los ’80 cuando era únicamente bañado y había muy pocas casas. Allí construyeron la casa de la familia, prepararon la tierra, transformando lentamente un suelo arenoso en tierra fértil, y plantaron el jardín en el que crecimos mis hermanos y yo.

Este entorno fue la razón fundamental de una infancia de amistad con mis vecinas, mucha bicicleta, árboles y corridas en los patios. Siempre tuvo ese aire intermedio entre un poco interior y un poco capital. Tiene la cercanía geográfica, que hace que de alguna forma sea un poco parte de Montevideo, pero al mismo tiempo es bien distinto, y maneja dinámicas más de pueblo chico.

En la década de los ’90, Ciudad de la Costa se transformó en la ciudad de mayor crecimiento demográfico de América Latina y fui testigo directa de los cambios que esto iba significando en el entorno. Actualmente, es una zona muy poblada (cada vez más). Viví allí hasta hace tres años que me mudé a Montevideo, pero sigo yendo constantemente, y sin dudas, lo siento como mi casa. Como también lo es ahora Montevideo.

Diego: Yo crecí en Punta Carretas, un barrio en la costa de Montevideo, muy bonito. Tenía un parque al lado el cual creo que habité de chico, pero no lo recuerdo y decididamente sí usé mucho en la adolescencia con los amigos del liceo. No considero que haya tenido una infancia muy barrial, pasaba muuucho tiempo en casa más bien. Pero si me parece un barrio hermoso y siempre que lo visito me maravillo con la enorme cantidad de recuerdos que puede contener una esquina, una cuadra, una plaza.

-Para finalizar, ¿En qué proyecto están ahora que nos puedan adelantar algo?
Diego: En este momento estamos trabajando en la difusión y el movimiento del disco recién salido. El año que entra estaremos trabajando enteramente en la presentación del mismo, que sucederá el 2 de setiembre en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre. Va a ser un espectáculo bastante distinto al que solemos hacer en vivo: habrá músicos invitados, y trabajaremos con Sofía Episcopo en el diseño lumínico y espacial. Hasta entonces, seguro haremos alguna pequeña presentación esporádica, pero nuestra energía de nuevo proyecto estará en este show.

Gisela Mesa


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