“El comercio quiere abrir para no fundirse, no porque sea opositor o anticuarentena”
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) registró en mayo un retroceso de las ventas minoristas del 7 por ciento, respecto de abril, en el marco de horarios acotados, cierres de fin de semana y caída del salario real. En Venado Tuerto, Sur24 consultó a Ezequiel Coello, coordinador del Observatorio Económico del Centro Comercial -entidad afiliada a la CAME-, quien evaluó que “en el comercio local sobran la angustia y la incertidumbre”. Y reprochó: “Es insólito que los decretos presidenciales se renueven un par de horas antes del vencimiento del anterior, con normativas confusas y privilegiando los intereses del Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), mientras que las provincias se las tienen que arreglar como pueden con sus respectivos decretos de adhesión. Así es muy difícil organizar el trabajo, con constantes cambios que, además, confunden al cliente, que de pronto se encuentra con que algunos comercios trabajan en horario corrido, o con límites horarios diferentes, porque sabemos de los distintos criterios entre Provincia y Municipalidad”.
“Desde el Observatorio Económico siempre hablamos de los tres factores que perjudican la actividad comercial: la caída del poder adquisitivo del salario, la dificultad para financiar el capital de trabajo y la disminución de las ventas, y ahora se suma la incertidumbre de los días y de los horarios”, acentuó el analista.
Menos plata en el bolsillo
Ezequiel Coello, coordinador del Observatorio Económico del Centro Comercial.
Por otra parte, Coello aseguró que “respecto del aislamiento del año pasado, hoy el consumidor tiene menos plata en el bolsillo, porque los ahorros se los devoró en todo este tiempo, y la inflación sigue haciendo estragos. El salario, según los convenios, pierde entre un 15 y un 35 por ciento anual respecto de la inflación. Mucho peor es la situación del cuentapropista -consideró-, que está cayendo en muchos casos por encima del 30 por ciento cada año, y esto impacta en forma directa en la caída de las ventas en los comercios minoristas”.
Desde ‘el otro lado’ del mostrador, el analista económico sostuvo que “en los negocios se sufre el aumento constante del precio de la mercadería -incluso hasta dos veces en la misma semana- y el comerciante de ninguna manera puede trasladar esos mismos incrementos a los clientes, porque si lo hiciera no vendería nada. Además, nadie sabe a qué costo podrá reponer la mercadería. Hoy se perdieron totalmente las referencias de precios, estamos en una espiral inflacionaria preocupante, en un ‘sálvese quien pueda’”, alertó.
“En Venado la situación no es peor porque la industria atraviesa un muy buen momento, sobre todo en algunos rubros, y la realidad muestra que absorbió mano de obra de distintos comercios que no despiden porque no pueden indemnizar. Así, cuando aparece una mejor oferta desde la industria, el empleado cambia de actividad y, por supuesto, el comerciante no lo reemplaza”, graficó el asesor de empresas.
Mientras tanto, “la presión impositiva asfixiante suma mayor angustia al contribuyente, y se llega a extremos como el pretendido cobro de un aumento retroactivo a los monotributistas, aunque luego desistieron. Y lo hacen en perjuicio de la sufrida legión de monotributistas, uno de los sectores que más se esfuerza por cumplir con sus obligaciones fiscales y que a veces, con ciertas decisiones, parecen querer empujarlos a la clandestinidad”, razonó el economista.
No se quieren fundir
“Todo esto lleva a que el comerciante ejerza tanta presión para abrir su local un par de horas más en el día, pero en un intento de equilibrar las cuentas y no para aumentar la renta. No es que quiere trabajar más tiempo para hacerse rico, ni porque es anticuarentena ni porque es opositor, quiere trabajar -con todos los protocolos- porque se está fundiendo. Entonces -continuó-, vemos que a los gobernantes les falta sensibilidad. Por supuesto que nadie es ajeno a la cuestión sanitaria, porque todos sufrimos alguna pérdida, más o menos cercana, pero debe entenderse que el comercio ya no soporta más cierres, todo lo que pudo soportar lo hizo el año pasado, cuando no había contagios en la mayor parte del país”. Visiblemente indignado, arremetió: “Y para colmo no hay ejemplaridad, porque el mismo Gobierno que incentivó el velatorio de Maradona o hace la vista gorda con las marchas de los movimientos sociales en la plaza de Mayo, se endurece con los comercios que discrecionalmente considera no esenciales”.
Café del Hotel Riviera, uno de los tantos “históricos” que muestran la cara triste de calle Belgrano.
“Es muy triste caminar por calle Belgrano, y por el sector céntrico en general, y ver tantos locales vacíos, incluyendo negocios históricos y esquinas emblemáticas de la ciudad. Algunos comercios que se trasladaron desde el microcentro hacia la periferia están abiertos y trabajando, pero también sabemos de otros que al poco tiempo debieron bajar la persiana, a pesar de haber reducido sus gastos fijos, porque las ventas no los acompañaron en sus nuevos destinos”, reflejó, señalando que entre los mayores damnificados se encuentran los bares y restaurantes, que estuvieron largo tiempo inactivos, sin poder atender a sus clientes, “y ahora mismo son muy bajas las ventas con el horario límite de las 19, porque la gente está acostumbrada a sentarse más tarde a sus mesas”, puntualizó.
En el cierre, el referente del Observatorio Económico del Centro Comercial remató: “Estamos en el medio de un grave problema económico estructural en nuestro país, porque si bien la pandemia nos complicó aún más, ya acumulamos más de una década sin crecimiento. Y nuestros gobernantes no entienden que están fundiendo a los sectores que crean fuentes de trabajo genuino; por el contrario, insisten en la vieja receta de aumentar los impuestos cuando las cuentas no les cierran, y siempre pescando en la misma pecera”, cuestionó en defensa de los hombres y las mujeres del comercio.