Oportunidad para las provincias
Unitarios en crisis
El unitarismo argentino se encuentra enfrentado. No van a negociar y van a tratar de doblegarse uno al otro. Es una buena oportunidad para que las provincias argentinas restantes se reúnan, analicen la situación y conformen una unidad potable; una verdadera Nación: una Confederación Nacional.
Juan José Sagardía
Nuestro país, si bien está conformado por veinticuatro jurisdicciones (veintitrés provincias y una ciudad autónoma), que deberían actuar y funcionar como una Confederación Nacional-, lamentablemente es unitario.
Somos "unitarios" desde nuestro nacimiento en 1810, siempre gobernados desde el puerto de Buenos Aires y después por la provincia de Buenos Aires. Desde la Revolución de Mayo, cuando era un poblado que ya tenía una existencia de unos doscientos treinta años, Buenos Aires fue un asentamiento de familias pudientes que controlaba al resto.
Si bien estaban administrados por un virrey, que era tal en nombre del rey de España, por las lógicas relaciones comerciales existía un vínculo de los más destacados pobladores del lugar con ese encargado de la administración del Virreinato del Río de la Plata.
Por otra parte, probablemente eran parte de la dotación que colaboraba con el virrey, mientras que por una cuestión lógica para esa fecha ya se hablaba de los insurrectos criollos de distintos lugares del territorio y se tomaba un conocimiento de cómo se debía ordenar ("poner en orden") a los mismos.
Justamente, en el año 1810, la población del puerto de Buenos Aires toma conocimiento del derrocamiento en España del rey Fernando VII y entonces los colaboradores del virrey se dan cuenta que no era necesario pagar impuestos o tributos similares al encargado del virreinato, por cuanto este no tendría a quién enviárselos.
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Ante esta alternativa, los conocedores de la nueva situación "administrativa" imperante, resolvieron "invitar" al virrey a que renunciara, ya que los locales -por así mencionarlos- iban a poder administrar dicha organización.
A esto se lo llamó Revolución de Mayo. Habiéndose retirado el virrey, en una reunión de los más allegados al gobierno real se resuelve formar una junta de gobierno, denominada históricamente Primera Junta de Gobierno, que comienza a ejercer el control -o al menos lo intenta- de la administración de lo que sería el extenso territorio de las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata.
Hecha esta introducción aclaratoria, voy a tomar como referencia histórica algunos movimientos dados en ese extenso territorio, determinados por el centro-norte de la futura de Nación.
La primera Declaración de la Independencia se genera desde la Banda Oriental del Uruguay con el liderazgo de José Gervasio Artigas, que suma a sus huestes a las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba.
En 1815, en Concepción del Uruguay, se declara la independencia de Los Pueblos Libres de España y Buenos Aires. Lógicamente en esta reunión no participa Buenos Aires, que en 1816 organiza el encuentro de Tucumán, en el que no participan las provincias de la reunión el año anterior.
El 9 de Julio de 1816 se declara la independencia de la Provincias Unidas del Río de la Plata con representantes de la actual Bolivia, por ejemplo, pero con la ausencia de las provincias del Litoral.
Con el correr de los años, esta última fecha se oficializará como la del Día de la Independencia Argentina, tomando en definitiva carácter nacional. Lo cierto es que a partir de dicha declaración Buenos Aires constituye un Directorio y a cada provincia –que comenzaban a tener sus límites-, se le mandará un representante de dicho "gobierno central".
A mi real y modesto entender, ahí comienza el unitarismo en Argentina aunque antes -en realidad- lo ejercía el virreinato. Pasan los años y se llega a 1853, cuando se reúnen los representantes de las provincias argentinas constituidas, a excepción de la de Buenos Aires.
Así es como se redacta en Santa Fe la primera Constitución Nacional, con sentido de Patria, que establece como nombre de la nueva nación el de Confederación Argentina. Se designa al primer presidente (el entrerriano Justo José de Urquiza) y se establece como primera capital a la ciudad de Paraná.
Lógicamente ante esta situación el centralismo porteño pierde su exclusividad y arma una estrategia para lograr mantener su antiguo poderío "unitario".
Logran a través de una serie de acuerdos –muchas veces me pregunto si fueron o no fueron non sanctos- reformar en 1860 la Constitución de la Confederación Argentina, para que ingrese el Estado de Buenos Aires (vigente entre 1852 y 1861), previo pacto de San José de Flores.
Así se cambia el nombre de Confederación Argentina por el de República Argentina, reiniciándose de tal forma el manejo discrecional y unitario del país a través de la ciudad-puerto de Buenos Aires y la provincia (en síntesis, el Estado de Buenos Aires).
Hoy el "unitarismo", tal cual lo veo, está en crisis, dividido en sus intenciones. Por un lado está la provincia de Buenos Aires. Por el otro la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), la ex Capital Federal argentina, pero con el gobierno nacional en el medio, desplazándola claramente en su protagonismo.
La provincia es gobernada por Axel Kicillof, mientras que en CABA tiene asiento el Poder Ejecutivo nacional, con el presidente Javier Milei a la cabeza. No van juntos, está claro, porque cada uno representa a una fuerza política distinta y en teoría tienen propósitos diferentes, pero no nos equivoquemos, las intenciones son parecidas.
Kicillof pertenece a un sector que a mi entender no tiene nada de democrático y Milei, al margen de su discurso de "Libertad" (que puede ser creíble o no), lo único que muestra es un "espíritu de personalidad única", es decir de mando unitario.
Entonces, tenemos que en el territorio más grande de Argentina hay dos "cabezas unitarias", dos unitarios: cada uno quiere ser "único" a su estilo y por eso se enfrentan a cada momento.
El unitarismo argentino se encuentra enfrentado. No van a negociar y van a tratar de doblegarse uno al otro. Es una buena oportunidad para que las provincias argentinas restantes se reúnan, analicen la situación y conformen una unidad potable; una verdadera Nación: una Confederación Nacional.
Sé que es de difícil realización, pero puede concretarse, dejando de lado las mezquindades que muchas veces muestran algunos gobernantes y teniendo grandeza. La Patria lo necesita. La Patria se los demanda. ¡Viva la Patria!